9.6.15

El hambre en el debate político

La reciente reunión organizada por la FAO (el organismo de la ONU dedicado a la alimentación) puso un tema estructural en agenda. ¿El modelo agropecuario en Argentina está combatiendo el hambre en el mundo? El impulso al modelo sojero viene a reactualizar en parte el imaginario del país como "granero del mundo". Para analizarlo en profundidad, la lectura de "Vegetarianismo en el debate político" de Ezequiel Arrieta puede ser fundamental si se extiende el debate en torno a las dietas en vinculación con un modelo ambiental. Así, como remarca la siguiente reseña de Melina Pons, todavía millones de personas sufren hambre, mientras la "producción de alimentos" o de kilocalorías podría abastecer a la población mundial. En el planeta, el 33 por ciento de la tierra cultivada se destina al uso forrajero, subordinado a la industria cárnica. En ese contexto global, la producción de soja en Argentina se destina como insumo para producir carne en países como la China occidentalizada. Una alternativa más sustentable sería posible introduciendo cambios en nuestra dieta, una decisión diaria que debiera estar acompañada por cambios en nuestras políticas.


Consumismo alimenticio como base del agronegocio.



Reseña de "Vegetarianismo en el debate político" de Ezequiel Martín Arrieta.

Por Melina Pons 
GIC Cultura Ambiental (CCC- UBA)
Para ComAmbiental

El análisis en profundidad sobre los diferentes y considerables impactos del sector pecuario sobre el medio ambiente y la salud nos dan una idea de la gran responsabilidad que tiene la producción animal en la degradación del suelo y el agua, la deforestación, la reducción de la biodiversidad, el cambio climático y el crecimiento de las llamadas enfermedades modernas. Por la magnitud de su impacto, la ganadería es uno de los dos o tres sectores con repercusiones mas graves en los principales problemas medioambientales en todos los niveles, desde el ámbito local hasta el mundial. Su abordaje precisa de urgente atención, tal como lo mencionan numerosos informes de instituciones de renombre.

“Vegetarianismo en el debate político” de Ezequiel Arrieta intenta acercar información basada en evidencia científica a la población general sobre la necesidad de establecer un debate serio con argumentos sólidos sobre la insostenibilidad del actual sistema de producción de alimentos de origen animal y la posibilidad de obtener beneficios sanitarios y ambientales derivados de la adopción de una dieta vegetariana, o al menos, de una reducción significativa del consumo de carne. Incitando al escepticismo, busca que el lector cuestione su modo de alimentación y que lo vea desde una perspectiva crítica, reconociendo a éste como un patrón cultural que debe ser modificado en pos de una mejor calidad de vida, tanto para el presente como para el futuro.

Para el autor, la economía mundial de los alimentos esta siendo impulsada cada vez más por el cambio de las dietas y los patrones de consumo de alimentos de productos pecuarios. Existen algunos autores que utilizan el término “Revolución ganadera” para referirse a esta tendencia. La producción ganadera creció rápidamente como resultado de la creciente demanda de productos con origen animal. Desde el año 1960, la producción mundial de carne se ha mas que triplicado, la producción de leche casi se duplicó y la producción de huevos se ha incrementado en casi cuatro veces.

Según su planteo, el consumo creciente de productos pecuarios afecta negativamente a la seguridad alimentaria de las naciones de manera directa al proporcionar grandes cantidades de alimentos que podrían consumir los humanos en vez de los animales; y de manera indirecta a través de sus impactos en el medio ambiente ( del cual dependemos para producir los alimentos) mediante múltiples flancos, como deforestación, disminución de la disponibilidad de agua dulce por uso, contaminación y degradación de las cuencas hídricas, contribución al calentamiento global y al cambio climático por incremento de los gases de efecto invernadero, pérdida de la biodiversidad, degradación de los suelos y contribución a la desertificación y contaminación ambiental por uso inapropiado de agroquímicos. Estos son los motivos por los cuales el autor plantea que el vegetarianismo debería estar en el debate político.

Así, una persona vegetariana es “alguien que sigue una dieta de cereales, legumbres, frutos secos, semillas, verduras y frutas con o sin el uso de productos lácteos y huevo”. Hace una clasificación de las dietas vegetarianas en: vegetariana estricta o vegetariana (consiste en alimentos de origen vegetal), Lacto-vegetariana (consiste en alimentos vegetales más algunos o todos los productos lácteos) y Ovolácteo vegetariana (consiste en alimentos vegetales, productos lácteos y huevos).

Es a partir de estas clasificaciones que el autor hace énfasis en la distinción que existe con el veganismo, al cual define como “una forma de pensamiento y una forma de vida que tiene por objeto excluir –tan lejos como sea posible- la crueldad hacia los animales usados como alimentos, ropa o para cualquier otro fin; y por extensión, promueve el desarrollo y la utilización de alternativas que estén libres del uso de animales en beneficio de los seres humanos, de los animales y del medio ambiente”. Según el autor el veganismo no es una dieta, sino una actitud ética caracterizada por el rechazo a la explotación de otros seres sensibles considerados como mercancía, útiles o productos de consumo.

Para Ezequiel Arrieta, la pregunta "¿Es sostenible la producción y consumo de carne?" resulta fundamental. Plantea el término sostenible, haciendo referencia a la ecología, y a la capacidad de los sistemas biológicos de perdurar en el tiempo y seguir brindando servicios. Sin embargo, hace referencia al equilibrio entre una especie y el consumo de recursos de su entorno, que permita satisfacer sus necesidades sin perjudicar a las generaciones futuras. Y de esto es que se trata todo su pensamiento. No sólo del presente sino también del futuro y del mundo que le espera a las generaciones que vienen.

Por tal motivo es que retoma la definición de dieta sostenible de la Food and Agriculture Organization (FAO 2010), como “dieta con bajo impacto ambiental que contribuye a la seguridad alimentaria y nutricional y a la vida sana de las generaciones presentes y futuras. Las dietas sostenibles concurren a la protección y respeto de la biodiversidad y el ecosistema, son culturalmente aceptables, económicamente justas, accesibles, asequibles, nutricionalmente adecuadas, inocuas y saludables, y permiten la optimización de los recursos naturales y humanos”.

Toda esta introducción de definiciones y conceptos tomados por el autor, nos da un panorama de cómo el consumo de productos de origen animal no es sostenible. Hará un abordaje de evidencia aportada desde el ámbito económico, ambiental y sanitario.

Un modelo económico - alimentario insostenible

¿El actual sistema combate el hambre? El autor retoma el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) realizado a través del informe llamado “Evitemos las hambrunas en el futuro: Fortalecimiento del fundamento ecológico de la seguridad alimentaria mediante sistemas alimentarios sostenibles”. Plantea que el modelo agropecuario actual no es sostenible. En el impulso afanoso de producir carne, los cereales que podrían alimentar a la gente se utilizan para alimentar al ganado. Esto es sumamente relevante si se tiene en cuenta que 868 millones de personas padecen de hambre en el mundo según estimaciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA, 2013). El incremento progresivo de alimentos de origen animal requiere también, un aumento de la producción de alimentos destinados al forraje.

La FAO en el año 2011, dio a conocer que se tiran al rededor de 1300 millones de toneladas de comida por año a la basura. Esta organización clasificó los sistemas de producción agropecuaria en base a la relación con la tierra y la zona agroecológica. Los 3 grupos son: Sistemas de producción pecuario a base de pastizales o pastoreo, Sistema de producción pecuario mixto y Sistema intensivo de producción industrial (corrales de engorde o feed-lot. Este sistema intensivo consume alimentos que podrían ser destinados directamente a los humanos).

Para el autor de "Vegetarianismo en el debate político", el actual sistema alimentario es insostenible y puede ilustrarse en un sentido cualitativo mediante el examen de su huella ecológica, medida aproximada de los recursos necesarios para producir alimentos y sus impactos ambientales. Mediante el uso de esta herramienta se ha estimado que para el año 2030 se requerirán los recursos provenientes de dos planetas Tierra para alimentar, vestir y mantener la población mundial en el nivel promedio actual de consumo.

Disminuir el consumo de carne como práctica ambiental

El apetito humano por la carne animal, esta detrás de casi todas las categorías de daño al medio ambiente que ahora amenaza el futuro de la vida humana: la deforestación, la erosión del suelo, la escasez de agua dulce, el cambio climático, la perdida de biodiversidad y la propagación de enfermedades.

La mayoría de las especies amenazadas en el mundo se ven sometidas a la pérdida de su hábitat debido a la actividad ganadera. Afirma que la ganadería extensiva es la responsable del 80 por ciento de la deforestación del Amazonas. Los cultivos de soja utilizados en gran proporción como alimento para el ganado, también se expandieron rápidamente en la cuenca del Amazonas a finales de los años 1990 y principios del 2000, siendo responsables de casi un cuarto de la deforestación. En Centroamérica, la superficie forestal se ha reducido casi un 40 por ciento durante las últimas décadas con aumento de pastizales, cabezas de ganado bovino y cultivos de forraje durante el mismo período de tiempo.

Según el informe “Perspectivas ambientales de la Argentina” desarrollado por el Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación, los bosques de Argentina están entre los que mas están desapareciendo. Trata la deforestación del Gran Chaco, la “cerealización” de la Pampa Húmeda y la producción de soja en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero, Chaco, Tucumán y Salta. Como consecuencia de esta actividad, después de algunos años de agricultura intensiva, la erosión del suelo se hizo evidente y la disminución de productividad de los cultivos obligó a muchos agricultores a abandonar sus tierras y en otros casos a la incorporación de cambios tecnológicos como la siembra directa y la incorporación de cultivos transgénicos.

Otras consecuencias aparte del suelo, son el agua y el cambio climático. Los científicos advierten que en el siglo que viene, podría reducirse el acceso al agua potable debido a que el cambio climático podría producir una alteración en los regimenes de lluvia.

Introduce el concepto de “agua virtual”: volumen de agua dulce que realmente se usó para producir un producto determinado, es decir, el agua dulce que se utilizó en todas las etapas de la cadena de producción. La “huella hídrica” muestra en el caso de nuestro país que el modelo agroexportador utiliza grandes cantidades de agua dulce para la producción de granos y productos pecuarios. Demuestra que la huella hídrica de cualquier producto animal es mayor que cualquier producto vegetal con el mismo equivalente nutricional.

Los patrones actuales de producción de alimentos son insostenibles, ya que implican la sobreexplotación a gran escala de las aguas subterráneas, el agotamiento de los caudales de los ríos y daño a la biodiversidad acuática. A lo que hay que sumarle la degradación ambiental y la perdida del potencial de producción causada por la contaminación del agua por productos químicos y agrícolas, la eutrofización (envejecimiento de lagos y estuarios) y salinización de los recursos hídricos.

Prácticamente, en todas las etapas el proceso de producción animal, se emiten y liberan a la atmósfera sustancias que contribuyen al cambio climático. El autor retoma un estudio realizado por Carlsson-Kanayama y González en 2009, en el cual se concluye que la disminución de consumo de carne y el aumento del consumo de alimentos de origen vegetal podría constituir una vía interesante para la mitigación del calentamiento global y el cambio climático.


La dieta vegetariana favorece la Salud

Son cada vez mas las investigaciones que avalan las dietas basadas en alimentos vegetales, como las dietas vegetarianas bien equilibradas, como productoras de mejoraría para la salud. Los estudios epidemológicos indican que las dietas vegetarianas se asocian con un índice de masa corporal bajo y una menor prevalencia de obesidad en niños y adultos.

Para el autor, la evidencia disponible sugiere que una dieta vegetariana puede ayudar tanto a la prevención como la manejo de la hipertensión arterial. Además, ofrecen beneficios significativos para la prevención y el manejo de la diabetes mellitus tipo 2, reduce el riesgo de enfermedades coronarias y de muerte por la misma, disminuye la posibilidad de tener cáncer colorrectal y de próstata. Por otro lado, los vegetarianos, tienden a tener una menor incidencia de enfermedad diverticular, debido a la ingesta en cantidad de cereales integrales, verduras, frutal, legumbres y frutos secos. Tienen menos posibilidad de padecer cálculos biliares, así como también menor posibilidad de tener artritis reumatoidea. Por otro lado, las dietas que no incluyen alimentos de origen animal, reducen la posibilidad de tener constipación, enfermedad renal y cataratas.

Del mismo modo, el libro dedica un capitulo a desmentir varios mitos sobre dietas. Explica la relación que existe entre dietas ácidas, la leche y la osteoporosis. Por otro lado plantea que el hombre no es vegetariano por naturaleza y desarrolla la relación que hay entre el hombre y el consumo de leche en la edad adulta. Por último, hace un desarrollo de la dieta paleolítica que tanto está de moda.


Equilibrio entre dos demandas

Nos estamos enfrentando a un futuro incierto: los recursos naturales y ecosistemas que nos soportan están colapsando a un ritmo alarmante y no estamos haciendo nada para detener esta tendencia. Dos gigantescos sistemas complejos interactuán. La biosfera y el sistema socio-económico humano. El futuro de la interfaz entre el ganado y el medio ambiente estará determinado por la forma en que se resuelva el equilibrio entre dos demandas que compiten: la demanda de productos alimenticios de origen animal, por un lado, y la demanda de servicios ambientales por el otro. Las dos demandas son impulsadas por los mismos factores: aumento de la población y aumento del consumo.

Algunos de las conclusiones más concluyentes fueron:

  • El hambre aún azota a 868 millones de personas, y constituye un problema de salud mayor que el VIH, la malaria y la tuberculosis juntas.
  • Actualmente producimos suficiente alimento como para ofrecer a todo el mundo, al menos, 2720 kilocalorías (kcal) por persona por día.
  • Entre el 26% y 45% de la superficie mundial esta ocupada por sistemas ganaderos, mientras que el 33% de las tierras cultivables del mundo se utiliza para la producción de alimento para el ganado.
  • Entre el 65- 80% de la deforestación del Amazonas es producida para generar pastizales para alimentar al ganado.
  • Si se mantienen las tendencias actuales de la expansión agrícola, para el año 2050 se habrá eliminado aproximadamente el 40% de los bosques de la cuenca del Amazonas.
  • En Argentina solo queda el 30% de los bosques nativos que existían hace 100 años.
  • La principal causa de deforestación en Argentina es el avance de la frontera agropecuaria, con mayor hincapié en el cultivo de soja en los últimos años.
  • Actualmente, el sector agropecuario utiliza el 70% del agua azul (acuíferos y ríos).
  • No habrá suficiente agua disponible en las tierras de cultivo para producir alimentos para la población que se espera en el año 2050 si continuamos con las tendencias actuales hacia las dietas ricas en alimentos de origen animal.
  • El ganado produce contaminación biológica de las aguas y es responsable de la elevada resistencia a los antibióticos a muchas bacterias.
  • El pastoreo genera degradación de los suelos mediante la acción mecánica de las pezuñas, causando perturbaciones en las cuencas hídricas.
  • El sector pecuario es responsable del 14,5% de la emisión de gases de efecto invernadero de origen antropogénico, cuyos principales responsables son la producción de carne y leche.
  • Numerosos estudios han relacionado el consumo de carne con la obesidad o el sobrepeso, debido a una mayor ingesta de grasas totales, grasas saturadas, calorías totales y una reducción en el consumo de vegetales.
  • Las instituciones nutricionales mas importantes del mundo están de acuerdo que las dietas vegetarianas, incluso las estrictas, son nutricionalmente adecuadas para todas las etapas de la vida, inclusive es apta para atletas.
  • Los vegetarianos tienen menor tasa de obesidad y sobrepeso, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión y cáncer de colon. Además, una dieta vegetariana ayuda en otras patologías digestivas como estreñimiento y diverticulosis.

Frente a todos estos argumentos expuestos y las cifras brindadas por las investigaciones, el autor plantea que queda claro que una dieta basada en la carne y productos animales es insuficiente desde el punto de vista del aprovechamiento de los recursos.

La continuación de la tendencia actual causaría un desastre y debe ser revertida en direcciones más benéficas. El crecimiento económico y demográfico combinado con el aumento de la escasez de los recursos naturales y el agravamiento de los problemas ambientales, ya se están traduciendo en un aumento de la demanda de servicios ambientales.

La ausencia de medidas correctivas radicales, el impacto ambiental de la producción pecuaria empeorará drásticamente. Si la producción se duplica sin ninguna reducción de los impactos ambientales por unidad de producción, el daño ambiental se duplicará. Plantea que un cambio a una dieta vegetariana no nos va a salvar de un colapso medioambiental, pero una adopción masiva de la misma, aunque sea una disminución en el consumo de carne y productos animales por persona, nos ayudaría mucho a la hora de enfrentar los problemas mencionados. Esta actitud nos puede ayudar mucho a establecer nuevas políticas de producción alimentaria que traerá beneficio en la manera en como aprovechamos los recursos naturales finitos.

En pocas palabras, para el autor, los gobiernos deberían promover políticas que fomenten el cambio de dieta, elaborar guías con recomendaciones dietarias, subsidiar la producción de frutas y verduras, y disminuir o eliminar los subsidios hacia el sector pecuario. Se deberían promover campañas de educación destinada a los productores del sector agrícola para que comprendan las implicancias de sus actividades sobre el medio ambiente, al mismo tiempo que se debería establecer planes de acción para mejorar las tecnologías de riesgo para elevar la eficiencia en el aprovechamiento del agua. Entiende que disminuir/eliminar los subsidios al sector pecuario en países que poseen un modelo agroexportador como Argentina, Brasil o Uruguay, parece una utopía: un importante porcentaje del producto bruto interno de esos países proviene de la producción agropecuaria.

Así, lo mas importante es la restauración de los ecosistemas, nuestra supervivencia en este planeta esta en nuestras manos.


Leer también:
Vegetarianismo en el debate político. Conseguir el libro desde su página.
ComAmbiental: Presentación del Atlas de la Carne.
ComAmbiental: Entrevista a Soledad Barruti: "Estamos gobernados por un sistema que nos devora sin darnos cuenta"

1 comentario:

Cristian Megyes dijo...

Muy buen artículo.
Con la nutrición vegetariana, se resolverán muchos problemas, incluyendo mejor salud y menor violencia descontrolada como la que hoy vivimos.

Saludos cordiales