17.8.14

Otro relato salvaje: consumismo y violencia

Esta semana, el debate mediático estuvo en buena parte anclado en unas declaraciones intensamente "fuera de contexto" de Damián Szifron. Desde el comienzo, la denuncia al sistema injusto del capitalismo en el programa de Mirtha Legrand, para quien el comunismo hace tiempo que "pasó de moda". Luego, las distintas voces que politizaron la cuestión, desde los que piden siempre "mano dura" como parte de un oposicionismo hostil, hasta los oficialistas que defienden a un gobierno que sigue fomentando el consumismo y recae ahora en la represión. En este contexto, tal vez sea útil recuperar la palabra del director de Relatos Salvajes: "Creo que ese resentimiento, fogoneado por la ostentación permanente de los bienes de consumo como vehículos para la felicidad y potenciado por los efectos alienantes de algunas drogas, a diario produce que alguien robe y mate".

Por Eduardo Soler

"El consumo te consume".

Pocos meses atrás, en diciembre del 2013, nuestro país sufría una ola de saqueos. Y en ese momento el consenso era que no se trataba de un saqueo "necesario", sino que eran casi los saqueos de la abundancia. En tal momento decíamos: "En una sociedad que exhibe como mayor valor la capacidad de consumo de bienes materiales, aquellos que son excluidos de este sistema pasan desapercibidos hasta que ocurren hechos como los saqueos". De modo similar, Pablo Bergel señalaba que los saqueadores pudieron ser "capturados por una cultura del narco-consumo, no solamente del consumo de narcóticos sino del consumismo como narcótico".  

Desde un tiempo a esta parte, el sentido común "progresista" pareció perder la capacidad crítica sobre el propio sistema capitalista, por la propia necesidad de defender los avances en la "década ganada". Sin dudas, existieron triunfos, pero si la meta continúa siendo fomentar el consumo como medida de felicidad y justicia, entonces la victoria será -al menos- ilusoria. En este contexto, podemos leer el siguiente comunicado de Szifron que nos invita a volver a pensar en las relaciones entre desigualdad y violencia. En términos profundos, la idea de exclusión, que es tanto económica como cultural, bajo la ideología del consumismo.


Sobre mi intervención en el programa de Mirtha Legrand
Teniendo en cuenta el revuelo que provocaron algunas de mis opiniones en el programa de Mirtha Legrand —incluyendo una insólita denuncia por incitación a la violencia colectiva—, considero oportuno aclarar ciertas cosas.
En primer lugar, quisiera desmentir una frase que fue interpretada como un desmerecimiento a los albañiles en favor de los delincuentes. En la vorágine de la televisión, esa declaración llegó a transformarse en "Los albañiles son delincuentes". Nunca dije eso, y lejos de mí está desmerecer a nadie. A quien recibió un mensaje distorsionado, le pido sinceras disculpas.
Sostuve que, a mi criterio, la desigualdad es inherente al sistema que rige la vida de tantas personas en el mundo. Es estructural y necesaria, no casual. También afirmé que la delincuencia financiera y gubernamental contribuyen a aumentarla. Y que la inseguridad es fruto de esa desigualdad. Hay otros factores que la explican, por supuesto, pero para mí ése es el principal. Y también dije que “si yo hubiese nacido muy pobre, en condiciones infrahumanas, y no tuviese las necesidades básicas cubiertas, creo que sería delincuente, más que albañil”.
Mi intención —expresada en forma desafortunada— no pretendía estigmatizar a nadie ni sugerir que había que buscar la equidad por medio de la violencia, sino dar mi parecer sobre algunas de las causas que llevan a una persona a cometer un delito, y desplazar el eje de la discusión de la eventual condena que debería recibir. No porque tenga alguna duda respecto de que la justicia tiene que condenar a un delincuente, sino porque me interesaba concentrarme en lo que, para mí, es el origen del problema.
Un ladrón no nace ladrón. Pero el entorno define nuestra personalidad y altera nuestro comportamiento. Los seres humanos no reaccionamos igual frente a los mismos estímulos. Y en un contexto de desigualdad creciente, hay quien se resiste a aceptar el lugar que le tocó: lo intuye injusto, hostil, se indigna ante la feroz diferencia de oportunidades y se carga de resentimiento. Creo que ese resentimiento, fogoneado por la ostentación permanente de los bienes de consumo como vehículos para la felicidad y potenciado por los efectos alienantes de algunas drogas, a diario produce que alguien robe y mate.
A esta altura del partido, decir que la violencia social está relacionada con un contexto de desigualdad creciente es una obviedad. Pero que la expresión de un pensamiento haya suscitado una reacción tan virulenta por parte de algunos medios, resulta preocupante. Ya casi nadie cuestiona la cantidad de horas por día que muchos canales le dedican a la agresión y la frivolidad, pero cuando alguien utiliza ese espacio para brindar una opinión sincera, equivocada o no pero que sólo busca enriquecer un debate, la condena es inmediata: se toma un conjunto de ideas, se las despoja de su sentido original y se las reduce a una frase polémica que alimenta las confrontaciones del día o de la semana.
Agradezco a los periodistas que combatieron a quienes quitaron de contexto los conceptos vertidos sobre la mesa. Sobre todo a los que no estaban necesariamente de acuerdo con los conceptos, pero igualmente condenaron su distorsión.
Lamento mucho todo lo sucedido esta semana.
Con respeto,
Damián Szifron

Leer también:
ComAmbiental: Los saqueos en la sociedad del consumo (diciembre 2013). 


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