24.4.14

Periodismo y Propaganda

En esta columna, Darío Aranda escribe sobre una realidad en la que coinciden medios "oficialistas" y "opositores". Particularizando en dos tipos de periodismo económico escribe: "los periodistas del agro nunca visitan a familias campesinas, blanco de fumigaciones y desalojos. Los periodistas petroleros nunca asoman la nariz en las comunidades mapuches con metales pesados en sangre y muertos producto del accionar petrolero. El periodismo de escritorio valora distinto el padecer de una clase media urbana (del que se sienten par) que el sufrir de un campesino o de un indígena".

COLUMNA DE OPINIÓN
Por Darío Aranda
Para ComAmbiental



La gran corporación del agro mundial anuncia que venderá una nueva semilla de soja, con más agroquímicos y, promete, “más productiva”. Una larga hilera de periodistas repite el discurso empresario y celebra la nueva soja. No les importa la forma irrisoria de aprobación de transgénicos y agroquímicos (en base a estudios de las mismas empresas) ni mencionan la dependencia que genera al productor, ni mucho menos dan cuenta de las consecuencias, desalojos rurales, desmontes, empobrecimiento de suelos. Se suelen autodenominar “periodistas agrarios” o, más pomposo, “del campo”.

A su imagen y semejanza crecen sus hermanos menores, los periodistas “del petróleo”. Aún no se autodefinen así, pero repiten el discurso empresario que disfraza al fracking como una técnica segura, repiten a coro que “no se afectarán fuentes de agua”, ocultan los desastres ambientales en todo el mundo de las mismas multinacionales que llegan al país. Y hasta justificaron en 2013 la feroz represión de la policía neuquina frente a la legislatura provincial. Combinación de mala praxis y complicidad.

Periodistas que celebran el pago de 5.000 millones de dólares a Repsol y no mencionan el vaciamiento empresario ni el enorme pasivo ambiental, que podría disminuir radicalmente la tasación. Periodistas que amplifican sin chistar la voz empresaria y silencian (o chicanean) la violación de derechos humanos de la que son víctimas los pueblos indígenas. Periodistas que llaman despectivamente “ambientalistas” a madres fumigadas que vieron morir a sus bebés, a militantes que defienden su lugar de vida frente al avance minero, a familias enteras que no quieren ser desalojadas por represas o forestales.

Coincidencia I: las corporaciones (agropecuarias e hidrocarburíferas) distribuyen generosas pautas en programas de radio y cable. La pauta no compra la línea editorial, pero sí la condiciona. Las voces críticas ya no aparecen como antaño, o directamente ya no aparecen.

Coincidencia II: los periodistas del agro nunca visitan a familias campesinas, blanco de fumigaciones y desalojos. Los periodistas petroleros nunca asoman la nariz en las comunidades mapuches con metales pesados en sangre y muertos, producto del accionar petrolero. El periodismo de escritorio valora distinto el padecer de un clase media urbana (del que se sienten par) que el sufrir de un campesino o de un indígena.

La línea editorial de los medios es clara. Pero a ningún periodista se lo obliga a decir lo que no cree o, peor, nadie los obliga a mentir. Los periodistas no pueden alegar obediencia debida para ocultar lo que pasa. ¿Por qué un periodista repite el discurso de las multinacionales del agro e invisibiliza las consecuencias de ese modelo? ¿Qué lleva a un redactor a mimetizarse con un jerarca petrolero y a chicanear a un vocero mapuche que relató cómo las compañías arrasaron su territorio y diezmaron a su pueblo?

Los periodistas agrarios y petroleros son parte del modelo extractivo que comandan corporaciones y gobiernos. Ese modelo requiere sacrificar territorios, y requiere sacrificar también las vidas que resisten en esos territorios.

Durante la reciente lucha docente, el colega y docente de periodismo Adrián Figueroa Díaz fue hasta la médula del problema: “El periodismo oficialista y opositor defiende los intereses del poder político y publicitario/empresario. ¿Por qué? Porque no lo cuestiona. ¿Por qué? Porque vive de ellos. ¿Por qué? Porque no les importa una lucha que le es ajena y desconocida. ¿Por qué? Porque casi ninguno de esos presentadores de noticias y editorialistas da ninguna lucha. Y esta cuestión clasista dentro de la profesión se evidencia en la moralina de cuarta del clasemediero básico que utilizan. Los medios y los periodistas más publicitados se ratifican como reaccionarios de las luchas sociales”.

Entre los aciertos de los últimos años sobresale el debate sobre el rol de los grandes medios de comunicación. Ha quedado claro para toda la sociedad, quizá como nunca antes, que se trata de empresas que privilegian sus intereses económicos y políticos por sobre cualquier otro valor.

Lo que sigue pendiente, y urge discutir, es el rol individual de los periodistas de esos medios. No sólo de las “grandes firmas”, sino de todos los que somos parte de esos medios. Los trabajadores de prensa nos debemos una autocrítica profunda y de cara al pueblo. Sobre todo se la debemos a quienes padecen la violación de derechos y no encuentran eco en los periodistas. Y la autocrítica también se la debemos a la nueva generación de colegas, para que tengan claro que los periodistas no somos voceros del poder político ni del poder económico.


Ver también:
Darío Aranda en ComAmbiental: "La década extractiva"
Sección "Periodismo" en ComAmbiental.

4 comentarios:

Mariano T. dijo...

En el caso agrario es bastante al revés. El lobby ambientalista que vive de las donaciones del primer mundo se dedica a inventar o exagerar problemas, y eso constituye la materia prima de su retroalimentación laboral.
Es comparable con el periodismo de policiales o de disputas en la farándula. "Visibilizan" lo nimio o ineistente o lo sacado de contexto.

Emilio Enrealidad dijo...

Excelente el comentario del lector Mariano T. Uno no sólo es quien es sino que también es definido por sus enemigos.
Por otra parte, creo que fue Freud el que dijo "crea culpa y dominarás". Ni todos los medios son igualmente culpables ni todos los periodistas son una mezcla de amarillismo e ignorancia. Y cada vez que alguien me habla de la pureza extrema, yo veo un fusilado.

ComAmbiental dijo...

Estimados:
Se podría decir mucho pero empecemos porque aunque sectores del ambientalismo pueden generar "intereses" nunca igualarán a los intereses millonarios detrás del periodismo corporativo.

Mi visión particular sobre el tema la columna es que tal vez el debate pos-Ley de Medios se centró demasiado en los "medios". Y perdimos de vista justamente los actores detrás de los medios (tanto "oficialistas" como "opositores"). Y allí coinciden muchas corporaciones: sojera, petrolera, minera.

Pero volviendo al punto particular, no pensemos entonces en los "ambientalistas profesionales". Sino que cuesta decir cómo los muertos por las fumigaciones, los campesinos desplazados, podrían ser "exageraciones". Por supuesto, es fácil hablar así para quien no vive esos problemas en carne propia.
Eduardo Soler

Emilio Enrealidad dijo...

Estimado Eduardo, me gustaría puntualizar dos cuestiones respecto a su comentario. La primera es que muchas veces los intereses de los sectores del ambientalismo corresponden, vaya uno a saber por qué mecanismos oscuros, con los del periodismo corporativo o algunas ONGs. Y el segundo es el que negar la posibilidad de entender un problema a gente que no lo vive en carne propia, me parece un argumento falaz. ¿Nadie más podrá hablar del Holocausto cuando muera el último que lo vivió? Y en última instancia, por qué presumir que alguien dejó de vivir algo si no se lo conoce como persona.