12.2.13

Monsanto: concentración económica, pueblos fumigados y pérdida de biodiversidad

Movimientos sociales resisten la instalación de una planta fabril de Monsanto en Malvinas Argentinas, Córdoba. Sostienen que representa el avance de un modelo avalado por el gobierno nacional que promueve el patentamiento de la vida misma, alimentos inseguros,el abuso de agrotóxicos, la consecuente contaminación ambiental y la creciente dependencia de las fuentes de alimentación y trabajo en manos de capitales transnacionales. En esta nota, el testimonio de un productor canadiense damnificado y voces afectadas del campo argentino. 


Banderas de "Fuera Monsanto". Archivo de ComAmbiental.

Espejo en Canadá. El productor Percy Schmeiser estuvo en Buenos Aires invitado por la ecovilla GAIA para compartir su lucha contra la multinacional. A fines de los ’90, semillas transgénicas de Monsanto contaminaron los cultivos de Schmeiser: aparecieron especies modificadas genéticamente (OGM), traídas por la acción natural del viento y los insectos y aves polinizadores. Pero Schmeiser no sólo vio afectado su campo sino que además fue demandado por la compañía a pagar regalías por “la siembra” de sus OGM.

La justicia canadiense en primera instancia falló en contra del productor, aclarando que debía pagar sin importar el nivel de contaminación (era igual un metro cuadrado que la totalidad de la hacienda) ni de la forma en que se haya contaminado, es decir, a pesar de que el productor no tenía intención alguna de cultivar transgénicos.

Percy Schmeiser.
Foto de ComAmbiental
Mediante apelaciones, amenazas anónimas contra la familia y los vecinos que apoyaban a Schmeiser, el caso llegó a la Corte Suprema de ese país que, si bien no dio a lugar a la demanda de Monsanto, estableció que cada parte asuma las costas legales y sin dudas no representan lo mismo para una gran multinacional que para un pequeño productor agrario. Dos años más tarde, se repitió la invasión de OGM en el terreno de Schmeiser y esta vez la justicia aplicó el principio “el que contamina, paga”.

Pero más allá de su caso personal, Schmeiser fue funcionario público provincial en el área de Agricultura y con información de primera mano sabe que las promesas de esta tecnología de aumentar las ganancias del campo y mitigar el hambre no se cumplieron. Por el contrario, creció la dependencia de los cultivadores a la compra de las semillas patentadas y a una cantidad creciente de agrotóxicos producto de la resistencia a los venenos que desarrollaron algunas malezas.

Asimismo, aparecieron nuevas enfermedades humanas inmunes a los antibióticos. Schmeiser sospecha que como la transgénesis utiliza virus o bacterias para introducir genes de otras especies, los vecinos de los campos con OGM están expuestos –sobre todo en tiempos de cosecha y polinización– a estos microorganismos que antes de los ’90 no estaban en su ambiente.

Schmeiser recalcó que "los granjeros pierden libertad de elección": así como los OGM aparecieron en su campo “no hay posibilidad de coexistencia” con cultivos orgánicos simplemente porque “no se puede controlar el viento o el polen; todo se convierte en transgénico”.

Discusiones argentinas. El productor Pedro Peretti, miembro de la Federación Agraria, reconoció que en la Argentina el maíz híbrido “terminator” (las semillas de la segunda generación son estériles lo que obliga a comprar el insumo para cada siembra) se cultiva hace 45 años aproximadamente, que el 90% de la soja es transgénica y de “bolsa blanca” o sea que no se pagan patentes, y que el glifosato se importa de China.

Pidió no demonizar al productor que fumiga y cultiva transgénicos como él, porque detrás de la reforma de la Ley de Semillas y del modelo agrario en cuestión están tanto el oficialismo como “parte de la oposición y parte de la UBA”. En este sentido, instó a que el sector científico-técnico sea autónomo, que “la ley contemple el uso propio y se permita un debate sobre qué agricultura queremos”.

Sin caretas en este carnaval. Los testimonios se dieron en una charla convocada por el legislador porteño Pablo Bergel (Proyecto Sur) semanas atrás. Allí también se volcaron otras opiniones claras que transcribimos a continuación.  
María Godoy, una de las Madres de Ituzaingó Anexo (Córdoba) que por primera vez llevaron al banquillo a productores agrarios y a un aerofumigador por la muerte y enfermedad crónica de cientos de vecinos, dijo: “No me enfermé pero mis vecinos sí. Porque a mí ‘no me tocó’ no significa que tenga que mirar para otro lado. Estamos en contra de las fumigaciones y por ende en contra de los transgénicos y de Monsanto”.  
Oscar di Vincensi, periodista de Alberdi, Buenos Aires, literalmente fumigado mientras registraba una aplicación ilegal, se dirigió indignado contra Peretti: “La peor plaga es la avaricia. Me duele que haya productores hipócritas que se dicen estar en contra de Monsanto cuando usan sus semillas y fumigan”.  
Mario Cafiero, Presidente de Proyecto Sur Provincia de Buenos Aires, manifestó: “Argentina lleva aprobados 27 eventos de transgénicos de los cuales los Kirchner aprobaron 20. La contaminación no termina en el campo, sino en la mesa de cada uno de los argentinos, hoy como país somos un contraejemplo. La cuestión ambiental no es solo la megaminería, también lo es comida y los granos, aunque los socios económicos que están atrás de todos estos emprendimientos son los mismos”.  
Carlos Berman, docente de la cátedra libre de Soberanía Alimentaria de la UNLP y miembro del Grupo de Reflexión Rural culminó: “Llamemos a las cosas por su nombre. El consumidor es un comensal, porque se consume marcas o televisión pero aquí hablamos de la alimentación. Los agroquímicos son agrotóxicos, son biocidas y lo que algunos llaman eco-terrorismo para nosotros es un genocidio, un crimen de lesa humanidad”.

Ver además:
26/1/2013. Ley de Bosques, Ley de Papel (de soja)
20/1/2013. Cristina, Vietnam y Monsanto
Video "El cuento de la buena soja" de Fundación Bios (2009) para tratarlo también con los niños.

 

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