2.7.12

Energía nuclear: el interés económico por sobre la salud y la democracia

Ayer volvió a funcionar un reactor nuclear en Japón, tras la crisis en la central Fukushima Daiichi. El gobierno nipón justificó que empieza la época de mayor demanda energética, pero hubo manifestaciones sociales en su contra. Una ONG japonesa explicó a ComAmbiental que el pedido de fondo es por un modelo energético que sea democrático y con fuentes renovables y limpias.

"Chau centrales. 40 años de lavado de cerebro. Estupidez ultra-cara".
Foto: Insomniacs Alarm Clock.

La planta en cuestión está en Ohi, en la prefectura de Fukui, en el centro del archipiélago sobre la costa oeste. Las autoridades locales y el gobierno nacional le otorgaron el permiso a la empresa operadora Kansai Electric Power para reanudar la actividad luego de 15 meses de parada en frío.

Este es el primer generador que se pone en funcionamiento luego de que en mayo se "apagara" el último de los 54 reactores que hay en ese país por razones de mantenimiento, mejoras antisísmicas y también desconfianza social.

Según informó la televisión pública japonesa NHK, la empresa cumple con las nuevas normativas de seguridad, aunque la agencia AFP aclaró que “las obras de consolidación contra sismos y tsunamis habrán terminado dentro de tres años”. Se espera que a partir del miércoles el reactor empiece a generar electricidad y en quince días se reactivará una segunda unidad en la misma planta.

El gobierno japonés explicó que se suplantó temporariamente la energía nuclear con más importación de petróleo y gas natural -lo que generó mayor déficit comercial- y un ahorro colectivo de energía que disminuyó el consumo en un 15%. Con la reactivación de la central de Ohi, ese esfuerzo bajaría al 10%.

En Tokyo, la ciudad capital, unas 6.000 personas salieron a la calle, en contra de la medida. Ya en Río+20 se preveía este marco. Entonces, ComAmbiental entrevistó a Masako Sakata de Japan Civil Network for the United Nations Decade on Biodiversity, que habló de la situación actual en Fukushima, el poder del sector nuclear, la indiferencia de los medios de comunicación y las movilizaciones crecientes en Japón.

En Río+20. Masako Sakata acompañada
 del traductor Jun Okamura. Foto: ComAmbiental.
¿En qué estado está la central Fukushima Daiichi?
La radiactividad no baja, el problema no está resuelto sino que recién comienza. Por caso, en la Unidad 4 (de los 6 reactores), solo tiene la mitad del edificio en pié y necesita refrigeración constante para no contaminar -y eso que la unidad no estaba en funcionamiento al momento del terremoto y tsunami.

Los medios de comunicación japoneses ni los funcionarios informan del peligro que hay en Fukushima. Allí los habitantes no tienen tranquilidad. La comida dejó de ser un momento de alegría para ser una preocupación de las madres por saber qué alimentos son seguros para sus hijos. Los niños están inquietos porque no pueden pasar mucho tiempo al aire libre y tienen que convivir con los controles de radiactividad.

Tampoco es fácil mudarse. Fukushima es una zona de gran belleza natural en que muchas familias están arraigadas al lugar y mantuvieron por generaciones la agricultura, la pesca o la silvicultura de manera artesanal. Pero, claro, en la idea de que los japoneses somos “animales económicos” éstas actividades (y estas poblaciones) son consideradas marginales.

El compañero Rikiya Adachi de Jubilee Kyushu on World Debt & Poverty acotó que tampoco hay información clara de adónde mudarse. Diversas familias fueron evacuadas de la zona de exclusión (10 kilómetros a la redonda de la central) hacia otra más lejana pero la contaminación radiactiva los afectó igual a través del viento y las lluvias.

¿Si los medios no comunican, hay espacios para informarse y debatir en las escuelas o las universidades?
En las universidades puede ser pero en las escuelas definitivamente no. Las compañías nucleares ejercen un fuerte lobby político y mediático. En el campo de la sociedad civil, ellas destinan muchos fondos para programas de educación ambiental y organizan visitas guiadas escolares para mostrar lo segura que es su tecnología.

Recuerdo que apenas ocurrió la catástrofe circuló un corto infantil animado en Youtube que explicaba que “el ‘niño nuclear’ estaba descompuesto y con fratulencias y que los ‘médicos’ trabajaban para bajarle la fiebre y ponerle pañales”. 
Es así. Ahora quienes más participan en las manifestaciones espontáneas son las madres que se sienten defraudadas y preocupadas porque confiaban en lo que las empresas nucleoeléctricas les habían dicho y enseñado a través de sus hijos. Por eso creo que hay esperanza de cambio.

En la Argentina, el gobierno nacional promueve la energía nuclear remarcando que aquí es seguro porque no hay terremotos ni tsunamis que puedan provocar tal crisis. ¿Qué opina?
¿En serio dice eso? Le recordaría que la energía nuclear no es renovable ni limpia: contamina desde la minería de uranio hasta después de su vida útil. La contaminación radiactiva perdura por muchos años y afecta la vida misma porque rompe las cadenas de ADN.

¿Cuál es la lección que trae desde Fukushima?
Adachi dijo claramente que la democracia no funciona en Japón, que hay que cambiar la estructura burocrática y piramidal de poder, por una sociedad y una economía más horizontales, descentralizadas.   En ese sentido, creo que todos tenemos que pensar en una economía en equilibrio con la naturaleza y ser menos materialistas.

Ver también:
De Fukushima a Atucha: ¿Llega el debate nuclear? (11/3/2012)
En Fukushima, "la gente ya no confía en el gobierno" (11/3/2012)

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