4.10.10

Política Verde Amarela: ¿Hacia una América del Sur Ambiental & Popular?

No se trata de una sorpresa sino de una confirmación: el Partido Verde, de la mano de Marina Silva, es la tercera fuerza política del Brasil. En este artículo, algunas reflexiones sobre este fenómeno en el contexto regional y un corolario para su aplicación al caso argentino.


ANÁLISIS.
Por Eduardo Soler /
 Pablo Gavirati
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Hace unas horas se conocieron los primeros resultados de las elecciones presidenciales en Brasil y, como estaba previsto por las encuestas, hubo dos datos importantes. En primer lugar, la segura continuidad del gobierno del PT, la fuerza de Lula da Silva que ha posicionado al país más grande de América Latina como uno de los más importantes de todo el mundo. Esto, en el sentido de subir los peldaños en la "escalera del progreso" que separa a los "países desarrollados" de los otros (de los nuestros).

Pero la noticia a destacar es que el Partido Verde ha logrado consolidarse como tercera fuerza logrando alrededor del 20 por ciento de los votos. Y lo ha hecho en base a la figura de Marina Silva, cuya afiliación hace poco más de un año fue uno de los hechos más trascendentales de la política brasileña, como apuntamos desde ComAmbiental. Silva es conocida por ser una gran defensora del Amazonas, lucha que la llevó a ser Ministra de Ambiente de Lula desde su asunción hasta mayo de 2008, momento en que se cansó de perder en la interna gubernamental contra el Gabinete desarrollista.

Algo muy similar pasó un poco antes en Ecuador con la figura de Alberto Costa, exministro de Minas y Energía. Si bien fue logro suyo redactar una Constitución donde se reconocen derechos a la Naturaleza, ya en la gestión de gobierno también tuvo que renunciar porque el "Gabinete Ambiental" perdió en manos del "Gabinete Desarrollista". En éste país fue por explotaciones mineras que avanzaban sobre territorios indígenas, en Brasil fue por los agronegocios que continúan deforestando el Amazonas.

Mencionamos Ecuador y no podemos dejar de pensar en el intento de golpe de Estado que sufrió el presidente Correa. Allí, entonces, asoma la pregunta que recorre el continente. ¿Los llamados gobiernos progresistas serán el mejor gobierno -en cuanto al enfrentamiento de las corporaciones- que nos podemos permitir? Porque en materia ambiental, la mayoría saca un aplazo general, mientras pocas acciones consiguen la aprobación de las comunidades. Tal vez una respuesta posible, como reclaman algunos movimientos indígenas, sea radicalizar la democracia, es decir, la propuesta de gobierno con apoyo popular.

¿El modelo brasileño? Todas -o casi todas- las fuerzas progresistas desde Argentina expresaron su deseo de la continuidad del PT en Brasil. De hecho, la figura de Lula resulta irresistible para cualquier analista político. Entonces, si uno de sus grandes logros fue la reducción de las cifras de la pobreza, por cierto destacable, no es menos cierto que la desigualdad social aún persiste.

Recordemos: América Latina es el continente que peor distribución de la riqueza tiene en el mundo. Y las mejoras que ocurren con el "cambio de época", en el llamado pos-neoliberalismo, no alcanzan a cambiar el rumbo. Es decir, a través de políticas macroeconómicas acertadas en el estilo de un "capitalismo serio", sumadas a una buena coyuntura internacional para exportar commodities, consolidaron el modelo extractivista / productivista / desarrollista en América Latina. Maristella Svampa tiene un gran aporte realizado en este sentido.

Es por ello que IPS tituló hace días: "El desarrollismo gana al ambiente las elecciones en Brasil". Si bien el caso de este país podría ser diferente, a través de la generación de una industria (multi)nacional, también los biocombustibles son una realidad que no escapa a la mercantilización de la naturaleza, así como otras soluciones propias del Mercado y el mundo de los negocios. Paradojas de la historia -o no- Lula comenzó como impulsor del Foro Social Mundial y terminó distinguido por el Foro Económico Mundial.

Pueden escribirse muchas cosas más, pero a los fines de este ejercicio analítico puede sintetizarse el argumento de una manera. Si gran parte del núcleo conceptual del neoliberalismo estaba sustentado en la "Teoría del Derrame", entonces debemos decir que los gobiernos de América Latina no han superado este paradigma. De hecho, en parte lo llevan a la práctica, porque es a través del "crecimiento a tasas chinas" de la economía nacional que se logra expandir algunos beneficios a la sociedad.

Desarrollismo y Pachamamismo. ¿Por qué esto es importante desde el punto de vista ambiental? Ya se dijo: "Quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista" (Kenneth Boulding). Hoy los economistas siguen en el poder, aunque en alianza con conducciones políticas variopintas que lograron armonizarse en su objetivo principal, la acumulación de capital y la estabilidad del sistema, a través de la inclusión social. Hay que decirlo, por fin el capitalismo funciona bien en América Latina; su problema es que no se lleva bien con la Pachamama (como dice Evo Morales, pero no como hace su gobierno).

En este punto, tampoco la cuestión se resuelve, sin más, con la aplicación de un programa socialista, en tanto que la matriz económica sea la misma: el desarrollismo. Pero sí un tema es clave: la "distribución de la riqueza", en el sentido de que el acceso a los bienes comunes ("recursos naturales") debe hacerse de un modo justo, de manera tal de alcanzar la suficiencia y no el derroche de la sociedad de consumo. En esa senda, la recuperación de las ideas basadas en el "buen vivir", en armonía con la Pacha Mama, es importante para alcanzar la sustentabilidad.

En este sentido, deberíamos entender la política ambiental dentro de los postulados de la Ecología Política, no alcanza solo con maquillarse de un color (como algunos criticaron para Mockus en Colombia). Para ciertos dirigentes la Global Verde, la cuestión ideológica ya no tiene relevancia, incluso dentro del Partido Verde brasileño, y eso puede ser cierto en tanto derecha e izquierda estén dentro del paradigma desarrollista (como ocurrirá en el ballotage brasileño). Sin embargo, el componente popular es imprescindible, tiene que estar sostenido "desde abajo" y, en este punto, para la Ecología Política la alianza con la nueva izquierda democrática es imprescindible.

¿La tercera posición en Argentina? Dejamos para el final la gran pregunta, solo en función de una invitación al debate. En nuestro país, el Partido Verde solo tiene presencia en la Ciudad de Buenos Aires, en forma muy minoritaria. Ahora bien, si observamos el panorama nacional, podemos identificar que Proyecto Sur ha tomado buena parte de las causas de la Ecología Política. Su posicionamiento puede compararse también con el partido de Marco Enriquez Ominami en Chile, que de hecho obtuvo el apoyo del Partido Ecologista de ese país en las últimas elecciones presidenciales.

El programa ambiental de Proyecto Sur se encuentra sobre todo en el caso de la mega-minería, pero también frente a los agronegocios comienza esta semana a impulsarse un proyecto de Ley de la diputada Cecilia Merchán para limitar el uso de agroquímicos; mientras que en otros temas, como la matriz energética, el panorama es diferente y coinciden con el desarrollismo hegemónico. En fin, son anotaciones para tener en cuenta, en referencia a esta elección brasileña, señalada como una pista para lo que puede ocurrir en América Latina, donde el componente popular es imprescindible: ¿Se podrá mudar lo nacional por la perspectiva ambiental - regional?

Ominami salió tercero en Chile, como ahora Silva en Brasil. Mayor éxito tuvo el Partido Verde en Colombia, donde disputó y perdió el ballotage con el oficialismo; como ya señalamos, esta expresión política no escapa de la realidad de un país donde todo está corrido a la derecha, en virtud de la lucha armada y la presencia de Estados Unidos. En el caso de Ecuador, Venezuela y Bolivia, los avances y contradicciones se dan dentro de los oficialismos y menos en espacios diferentes a la oposición de derecha.

Un desafío mayor, entonces, será el que la "tercera posición" signifique una alternativa, que logre también acceder al poder en países presidencialistas. A la izquierda, desde abajo, y en verde.


Ver también:
Amazonía y política ambiental en Brasil (13/2/2010)
Ecuador y sus contradicciones (17/4/2010)

¿Una Sudamérica con Política Ambiental? (5/5/2010)

2 comentarios:

ComAmbiental dijo...

En relación con lo dicho en la columna, es interesante el comentario que recoge hoy Página 12:

El dirigente de Libres del Sur, Humberto Tumini, aliado de Pino Solanas, prefirió poner la lupa en la cosecha de la candidata verde, Marina Silva. “Parece que a la izquierda de Lula-Dilma había unos votitos en Brasil: Marina Silva 22 millones, el 20 por ciento. Y K dice que a la izquierda de él no hay”, cerró.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/154306-49584-2010-10-04.html

Anónimo dijo...

Entre o desejo e a realidade

O PV no Brasil é uma sigla de aluguel, Marina tornou uma pessoa muito conservadora, criacionista, contra o aborto por razões religiosas e vou exaltada pela direita da direita por prestar esse serviço, outra ilusão é acreditar que o PT seja hoje um partido de esquerda.