16.9.10

Día del Ozono: Montreal, un Protocolo que sí funciona

Un día como hoy, pero del año 1987, se firmó en el seno de la ONU el Protocolo de Montreal, cuyo objetivo es disminuir los gases que adelgazan la capa de ozono. En este artículo, presentamos los avances de esta regulación y por qué sí funciona, a diferencia del Protocolo de Kyoto sobre Cambio Climático. Además, la cooperación japonesa en Argentina para el estudio de la atmósfera. Y los cuidados que aún debemos tener para proteger nuestra piel.

En el 2000, se había alcanzado uno de los puntos más críticos del "agujero de ozono". Fuente: UNEP /NASA
 "Los esfuerzos internacionales por preservar la capa de ozono ―el escudo que protege la vida en la Tierra de niveles nocivos de radiación ultravioleta— han dado resultado, impidiendo nuevas pérdidas de ozono y contribuyendo a reducir el efecto invernadero". De esta manera comienza el comunicado del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que difunde las conclusiones del informe “Evaluación científica del agotamiento de la capa de ozono 2010”, realizado con la Organización Metereológica Mundial (OMM).

El estudio se difundió en ocasión del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono de la ONU, que se celebra hoy, y establece que los niveles de concentración de este gas en la atmósfera se estabilizaron en la última década. La buena noticia, entonces, sería que el Protocolo de Montreal de 1987 está dando los primeros buenos resultados. Entonces: ¿Cuáles son los motivos y por qué no sucede lo mismo con el Protocolo de Kyoto sobre Cambio Climático?

La clave del éxito. Según la mayoría de los especialistas, entre ellos el Embajador Raúl Estrada Oyuela, la diferencia entre la suerte de los dos Protocolos que legislan el uso de la atmósfera global es que para la capa de ozono se encontró bastante rápido una "solución tecnológica", mientras que el cambio climático necesita cambios en buena parte del sistema económico. De este modo, se logró la eliminación paulatina de los CFC (clorofluorocarbonos), que generaban el rompimiento del gas ozono (O3), a través del patentamiento de los HCFC (hidroclorofluorocarbonos) y los HCF (hidrofluorocarbonos), principalmente.

Aquí se abrió otra polémica, porque algunos tipos de HCFC y HCF son potentes gases de efecto invernadero, aún más que los CFC, y esto podría perjudicar la lucha contra el cambio climático. No obstante ello, el comunicado difundido hoy señala que "la reducción de la emisión de sustancias que agotan la capa de ozono, expresada en toneladas de CO2 equivalente (aproximadamente 10 gigatoneladas por año), fue cinco veces superior a la convenida para el primer período de compromisos (2008‑2012) del Protocolo de Kyoto".

Así, para Achim Steiner, Director Ejecutivo del PNUMA: "Esas medidas contribuyen a combatir el cambio climático y generan también beneficios directos en el sector de la salud pública". Esto es así porque, de no haberse aplicado el protocolo de Montreal, los gases perjudiciales para la capa de ozono "podrían haberse multiplicado por 10 en 2050" y ello "podría haber producido hasta 20 millones más de casos de cáncer de piel y 130 millones más de casos de catarata, sin mencionar los daños al sistema inmunitario humano, a la fauna y flora silvestres y a la agricultura”.

Según el informe, cuya versión completa estará disponible recién en 2011, "se prevé que, excepto en las regionales polares, la capa de ozono se recupere antes de mediados de este siglo, alcanzando los niveles registrados antes de 1980". La investigación también pone énfasis en la compleja interrelación entre los fenómenos de ozono y cambio climático, por ello Michel Jarraud, director de la OMM, señaló la importancia de la Vigilancia Atmosférica Global y apuntó: "El Protocolo de Montreal es un ejemplo sobresaliente de colaboración entre científicos e instancias decisorias, que permitió neutralizar con éxito una seria amenaza”.

Cooperación Japonesa en Argentina. Justamente, uno de los objetivos del Protocolo de Montreal, como también el de Kyoto, es fomentar la cooperación internacional en problemáticas planetarias, haciendo énfasis en el principio de las "responsabilidades comunes pero diferenciadas y las respectivas capacidades". Con ese espíritu, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) donó un radiómetro de ondas milimétricas para medir perfiles de ozono en la estratósfera, cuyo valor asciende a U$S 1.000.000, según informó el portal Tiempo Sur.

La donación se dio en el marco del convenio entre la Universidad de Nagoya y la Universidad Nacional de la Patagonia Austrial (UNPA) y será instalado en el Observatorio del Centro de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa, del Ministerio de Defensa de la Argentina, para continuar sus estudios sobre la atmósfera. La importancia de fortalecer las investigaciónes de la UNPA radica en que se encuentra en el límite del llamado "agujero de ozono", es decir, el sector de la atmósfera con menos concentración de este gas en el planeta, fenómeno ocurrido durante la primavera antártica.

Cuidados. Toda la Patagonia Austral, en el sur de la Argentina, es por ello una de las regiones más vulnerables del mundo y, de acuerdo al informe presentado hoy, es la que más tardará en recuperarse, tal vez para finales del siglo. Por ello, con el comienzo de la primavera, es necesario también recordar los cuidados que deben seguirse para proteger la piel, que recomiendan los dermatólogos, mientras se debe continuar con el trabajo para recuperar la llamada "capa de ozono", que cumple un rol fundamental para la vida sobre el planeta.

Para más información, visitar: Secretaría del Ozono del PNUMA.

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