26.5.09

Investigación tema glifosato, o la ciencia contra la ciencia

La noticia de la primera investigación que constata en el país la incidencia del agroquímico glifosato con la malformación de fetos puso en discusión la vinculación entre las corporaciones sojeras con la verdad que parecían imponer los defensores del paquete tecnológico de este cultivo transgénico. A su vez, puso en evidencia que el conocimiento científico no es ajeno a los intereses económicos, que también operan en los medios de comunicación y los discursos que circulan legítimamente por la sociedad.

En esta nota, se presenta la sucesión de acontecimientos desde el artículo del periodista Darío Aranda en el diario Página 12 que da a conocer la investigación de Andrés Carrasco del Laboratorio de Embriología Molecular (Conicet - UBA). Luego de ello el científico contó que recibió intimidaciones por parte de las corporaciones de los agronegocios, pero también el apoyo de colegas del ámbito universitario. Además, hubo repercusiones en el Poder Judicial (un recurso de amparo de la AAdeAA) y Ejecutivo (un pedido de análisis del Comité de Ética Científica).


Conocimiento científico y justicia social.

"Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma", decía Rebelais. Al comienzo de la modernidad, la ciencia llegaba a la madurez, al tiempo que la burguesía se consolidaba como la clase revolucionaria naciente, como una nueva forma de conocer que se imponía al dogma eclesciástico. Funcionaba así como fuerza crítica hacia aquella forma de dominación social conocida como feudalismo.

Ya entrado en el siglo XIX, el desarrollo tecnológico propio de la aplicación de la ciencia a los intereses capitalistas, dio lugar a la revolución industrial, un acontecimiento que modificó sustancialmente la relación sociedad - naturaleza. Un nuevo paso se dio en la segunda mitad del siglo XX, cuando la llamada "revolución verde" produjo la industrialización del campo a través de la aplicación de paquetes tecnológicos, como el caso de los cultivos transgénicos.

La forma de conocimiento que hizo posible este último proceso se denominó Tecnociencia, en donde la aplicación de las investigaciones para el beneficio de las corporaciones pasó a ser el principal objetivo de estos científicos, a pesar de las consecuencias sociales y ambientales de los desarrollos financiados por los intereses económicos. Sin embargo, el potencial crítico del conocimiento científico se mantiene latente, e implica una lucha al interior de las instituciones académicas, como lo deja ver el caso de Carrasco.

Voces de alerta y vinculaciones políticas.
"Ese discurso hegemónico es estratégicamente legitimado por actores universitarios y científicos pagados por las transnacionales en un sistema público que ha sido desapropiado", así se refiere la declaración "Voces de Alerta" a los defensores del modelo sojero. El mismo está firmado por miembros tanto de las "ciencias duras" como de las "ciencias blandas" que afirman su "decisión por mantener un sistema científico universitario autónomo de los grandes intereses económicos corporativos" y concientes de "la ineludible responsabilidad para con las sociedades y sus sectores sociales de mayor vulnerabilidad".

El valor del documento significa también el reconocimiento de que, aunque el informe de Carrasco puede ser el primero que le da validez científica, son las voces de los pobladores y de las organizaciones campesinas y ambientalistas las que primero lo denunciaron. De eso se hicieron eco también investigadores de sociología, que ponen en juego el hecho de que muchas veces se conoce o se comprueba sólo lo que las empresas o el gobierno quieren financiar.

Por ello, la propuesta de la Ecología de Saberes de la que habla Boaventura de Sousa Santos, en la que es imprescindible recuperar el valor del diálogo para hacer posible la diversidad discursiva. En ese sentido, el valor de las instituciones científicas radicaría en las alianzas que adopta: por ejemplo, con las grandes corporaciones trasnacionales o con los movimientos socioambientales, que recientemente emitieron su Declaración de Arroyo Seco.

Repercusiones en la academia y en los medios.
Justamente, esto último parece que sería tenido en cuenta por un organismo estatal, según consignó un nuevo artículo de Página 12. La Comisión de Ética del Ministerio de Ciencia recomendó la creación de un comité de especialistas para analizar los efectos del glifosato que debería estar conformado por inestigadores que "no tengan vinculación académica o económica (ni pasada ni presente) con empresas del sector".

Mientras tanto, en la Facultad de Bioquímica de la Universidad del Litoral ya comenzaron a trabajar, ya que junto a otros institutos están recopilando casos de malformaciones debido al glifosato, sobre el que próximamente publicarán el primer trabajo en Sudamerica. Entre los riesgos identificados se encuentran "problemas respiratorios, daños al sistema nervioso central y destrucción de glóbulos rojos en humanos", difundió InfoUniversidades.

También debe aclararse que dentro de los mismos medios existen disputas de intereses, y es así como algunos pueden difundir las investigaciones críticas al glifosato. Es así como el programa "Científicos Industria Argentina" de canal 7 pudo difundir las investigaciones del equipo de la doctora María Dos Santos Alfonso del Departamento de Química Orgánica de la UBA. Allí se analiza la interacción del agroquímico con los medios naturales, en donde hay algunos suelos que retienen más este compuesto y de este modo pueden llegar a las napas de agua.

Por su parte, el diario Página 12 también publicó un artículo de Horacio Verbitsky donde recogió los artículos de Clarín y La Nación (unidos en ExpoAgro) que calificaban las investigaciones de Carrasco, ex presidente del CONICET, como "supuesto estudio científico". En la misma nota, se dio a conocer el expediente mediante el cual el entonces secretario de Agricultura, Felipe Solá, permitió la introducción de la soja transgénica en el campo argentino. El documento estaba conformado en buena parte por un informe de la propia empresa Monsanto.

Ciencia y Movimientos Sociales
En una entrevista posterior de Aranda, Carrasco expresa: "El origen del trabajo se remonta a contactos con comunidades víctimas del uso de agroquímicos. Ellas son la prueba más irrefutable de lo que yo investigué con un sistema y modelo experimental con el trabajo de hace 30 años, y con el cual confirmé que el glifosato es devastador en embriones anfibios; aun en dosis muy por debajo de las usadas en agricultura, ocasiona diversas y numerosas deformaciones". E insiste luego: "Las empresas del agro, los medios de comunicación, el mundo científico y la dirigencia política son básicamente hipócritas respecto de las consecuencias de los agrotóxicos, protestan y descalifican una simple investigación pero no son capaces de observar las innumerables evidencias médicas y reclamos en Santiago del Estero, Chaco, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe".

En este sentido, la Unión de Asambleas Ciudadanas se pronunció de acuerdo a estos dichos: "El estudio experimental que como investigador del CONICET ha realizado es un aporte fundamental para legitimar científicamente el clamor de las víctimas y da cuenta de la desidia del SENASA y el Gobierno que desatienden su función social al no controlar –y peor aún, intentar silenciar- los impactos en la salud de las poblaciones por el uso de agroquímicos". Por ello, las organizaciones "apoyan la investigación y se ofrecen a aportar todos los datos que crea necesarios para vincular a ésta con las consecuencias de las fumigaciones que se realizan a diario en nuestros pueblos".

Desde el Movimiento Nacional Campesiono Indígena, aportaron su voz: "Históricamente, la salud de nuestras poblaciones estuvo atada a nuestra forma de producir, criando animales, cultivando diversidad, guardando las semillas que heredamos de nuestros viejos, conservando y renovando el monte nativo. Con el actual modelo de agronegocios, todo comenzó a cambiar: intoxicaciones agudas, desmayos, mareos y piel (de manos, piernas y rostros) en carne viva son sólo algunos de los sufrimientos de nuestros hijos. Ahora también sabemos de embarazos que no llegan a término, distintos tipos de cáncer y bebés con malformaciones". Y agrega: "El problema de fondo no es un químico, sino un modelo agropecuario que privilegia las ganancias por sobre la salud y el medio ambiente".

Como siempre, la importancia de la educación ambiental es la de estar abierto a todas las voces, y tener conciencia de que el conocimiento científico no implica una verdad absoluta, sino que el saber está ligado al poder y a diversos intereses sociales y económicos. También dentro de la academia hay disputas dentro de los especialistas, pero siempre es necesario mantener la mirada integral que es el fundamento del pensamiento ecologizado.

1 comentario:

NOGAL DE VIDA dijo...

LOS VECINOS DE LAS PALMAS Y DE LA LEONESA ( P.CIA. DEL CHACO ) DICEN BASTA A LOS AGROTÓXICOS :

FIJATE EL AMPARO EN :
http://nogaldevida.blogspot.com/2010/01/lccion-de-amparo-contra-el-glifosato.html