14.12.14

Cuando la organización vecinal vence a los depredadores de la construcción

Llega diciembre y aparacen los balances de este año. ComAmbiental consultó a Matías Pandolfi sobre su opinión acerca de los temas en los que viene haciendo un seguimiento este año: las políticas ambientales urbanas. Retoma la importancia de los espacios verdes en las grandes ciudades. Y culmina con una nota optimista, hace énfasis en dos experiencias de organización vecinal en Caballito y en San Isidro. El final abierto dependerá de lo que ocurra el próximo año, si logramos apostar por lo comunitario.
 
COLUMNA
Por Matías Pandolfi
Dr. Ciencias Biológicas (UBA / CONICET) 

"El espacio verde se ve como algo para ser ocupado, se ve como una ausencia, donde se puede construir un edificio, pero por el contrario, un espacio es una presencia, justamente vacía, que incita al descanso, a los árboles, a los pájaros, a la recreación de los niños"
(Arquitecto Rodolfo Livingston)

¿Por qué las políticas ambientales suelen estar tan al margen de los discursos, la gestión y la legislación? Un signo de los tiempos que corren es la mala relación que establecen algunos gobiernos con los espacios verdes en los ecosistemas urbanos. Para algunos gobernantes y legisladores, el medio ambiente es una cuestión ajena, que no merece una importancia relevante como para estar en la agenda. Lo que no tenga un impacto aparente en las elecciones que ocurren cada dos años, y lo que no se muestre hasta el hartazgo en los medios, no es tenido en cuenta ni a la hora de hablar, ni a la hora de hacer, ni a la hora de pensar.

Las ciudades que hoy conocemos, sin excepción, han sido construidas sobre espacios naturales. Este impacto, que va de la mano del paradigma de dominar la naturaleza y avanzar con la tecnología sin control, debería reducirse aumentando la cantidad y calidad de los espacios verdes dentro de ellas. Y esto debería traducirse en políticas de Estado concretas que deberían ser claramente manifestadas por cada partido político.

¿Por qué son importantes los espacios verdes urbanos? A través del proceso de fotosíntesis los árboles absorben el dióxido de carbono y oxigenan el aire y también contribuyen en la regulación hídrica y térmica de las ciudades. Un impactante estudio recientemente realizado en los Estados Unidos demostró que la reducción en la contaminación del aire por parte de los árboles salva 850 vidas y previene 670.000 casos de síntomas respiratorios agudos cada año, lo que significa un ahorro de 6800 millones de dólares/año para los estadounidenses. Esto muestra a las claras la importancia de tener muchos árboles en las ciudades y es por eso que la desaparición de los espacios verdes urbanos es un peligro para la salud de los ciudadanos.

Las Naciones Unidas recomiendan 10 metros cuadrados de espacios verdes por habitante. Las estimaciones más optimistas dicen que en Buenos Aires sólo hay 6. Y además esa distribución es sumamente desigual entre los barrios: Balvanera y San Cristóbal, Almagro y Boedo tienen apenas 0,4 por habitante.

¿Quejarnos o accionar? Creo que hay algunas cosas que podemos hacer para entusiasmarnos y mejorar nuestra ecología urbana saliendo de la queja, la denuncia y el reclamo como modo de vida:
  1. Volver a organizarnos en los barrios sin desconfiar tanto los unos de los otros para informarnos y hacer valer nuestros derechos a un aire limpio y a la presencia de espacios verdes recreativos en nuestros territorios 
  2. Asumir un compromiso por parte de los comunicadores, los científicos, los arquitectos, los agrónomos y los urbanistas con una postura crítica pero no estéril, poniéndonos a disposición del gobierno que toque para informar, debatir entre nosotros y brindar asesoramiento en estos temas.
  3. Tener muy en claro que a través de acciones concretas podemos conseguir mejorar nuestra ciudad y, en consecuencia, la salud de todos los que vivimos en ella. 
Son muchos los casos en que los vecinos organizados han logrado hacer valer sus derechos por sobre los intereses de los poderosos. Para demostrar que esto es posible, que la lucha vale la pena y que la organización vecinal puede vencer a los depredadores de la construcción, es que recordaré a los lectores dos casos emblemáticos de este año en los barrios de San Isidro y Caballito

¿Qué pasó en San Isidro? 

 En el mes de diciembre de 2013 se sancionó la Ordenanza 8745, que permitía que 43 mil metros cuadrados de espacios verdes del predio del Hipódromo fueran destinados a proyectos inmobiliarios. Este emprendimiento quiso ser llevado adelante sin un estudio de impacto ambiental previo, sin una consulta popular y desoyendo el reclamo de más de 10 mil vecinos organizados. El predio en cuestión cuenta con una flora y fauna sumamente diversa y constituye, junto con el Parque Natural Municipal Ribera Norte, dos de los principales espacios verdes de la zona. Este parque cuenta con diversas especies vegetales. Se pueden observar pinos, cedros, tilos, cipreses y fresnos. También hay nogales, sequoias, sauces blancos y olmos, especies que no son tan comunes en otros espacios verdes urbanos. Y se pueden distinguir muchísimas especies de aves como tordos, zorzales, calandrias, horneros, benteveos y pájaros carpinteros, que seguramente repartan su tiempo de alimentación y reproducción entre este sitio y el Parque Natural Municipal Ribera Norte.

Se presentó ante la legislatura bonaerense un proyecto de ley para declarar al Hipódromo de San Isidro "Espacio Verde de Interés Provincial”. Toda obra o actividad, pública o privada, que pueda producir efectos negativos al sitio en cuestión deberá presentar una evaluación de impacto ambiental previa, de prosperar este proyecto de ley que contempla asimismo la participación ciudadana en la toma de estas decisiones. El Poder Judicial también tomó recientemente cartas en el asunto. El Juzgado Contencioso Administrativo Nº 1 de San Isidro frenó con una medida cautelar la construcción de oficinas y viviendas sobre los espacios verdes del Hipódromo de San Isidro. Por ahora se preserva el espacio verde, pero la lucha y el estado de alerta de los vecinos sigue en pie todos los días.


¿Qué pasó en Caballito?

Pese a la férrea oposición de los vecinos, los diputados del PRO que integran la Comisión de Planeamiento Urbano aprobaron el proyecto para rezonificar un predio en ese barrio y permitirle a la empresa IRSA construir un gigantesco centro comercial en terrenos linderos al estadio de Ferrocarril Oeste. Cabe destacar que hace 4 años que lo intentan y las resistencias opositoras y vecinales lo impiden. Un barrio particular como Caballito en donde los cortes de luz son algo demasiado frecuente, necesita más espacios verdes y menos cemento ya que es una de las zonas con mayor densidad poblacional de la ciudad. Del caos que generaría esto en el tránsito ni una palabra. De recordar y aprender de la mala experiencia con la construcción del DOT en el barrio de Saavedra -debido a la ausencia de estudios de impacto ambiental previos y con los problemas que generó para los vecinos en las inundaciones de 2012- ni una palabra tampoco.

 También en los últimos tiempos observamos cómo, en un peligroso ejercicio de criminalización de la protesta social, avanzan a ritmo veloz los juicios civiles contra los vecinos que han presentado amparos contra la construcción indiscriminada en la ciudad de Buenos Aires. Viendo estos proyectos en ciernes y esta reacción desmedida ante la protesta social, cuesta entender cómo el Gobierno de la Ciudad llegará al tan anunciado millón de árboles en la ciudad planteado por el programa Buenos Aires Verde.

¿Cómo protegemos nuestras ciudades? Para evitar este avance de los depredadores de la construcción y sus socios políticos necesitamos de la unión de la ciencia y la política, el apoyo de las ONGs ambientalistas locales y también el apoyo de los vecinos organizados para que este tipo de situaciones, que se están haciendo cada vez más frecuentes, se detengan. En el mes que celebramos 31 años de democracia ininterrumpida es interesante citar a la socióloga Norma Giarracca: “En territorios amenazados por la minería, el fracking, la expansión sojera, la democracia liberal convive en pequeña escala con otros modos de democracia, asamblearias, sin representaciones, que aspiran a formas de democracia directa.” Esas mismas formas de democracia directa deberían comenzar a calar hondo en la protección de los espacios verdes urbanos para lograr así que los negocios inmobiliarios que antes nos pasaban por encima deban ahora debatirse en público y requieran la sanción de leyes para su ejecución.

Citando también al periodista Sergio Kiernan en una lúcida reflexión luego del fracaso del proyecto de arruinar Caballito con un centro comercial excesivo. “Cada legislador que levanta la mano y vota un desarrollo inmobiliario está gastando su capital político”. Afortunadamente, la lucha por la protección de los espacios verdes está avanzando en varios distritos. La clave está en avanzar más rápido que los depredadores de la construcción y que sus cómplices, que muchas veces ocupan cargos públicos.

Leer también otras columnas de Matías Pandolfi:

Árboles y salud humana (agosto 2014).
La reserva ecológica y los deprepadores de la construcción (3-7-2014)
Bares: destruyendo espacios verdes urbanos (19-5-2014)

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