11.11.07

¿Cómo se media el conflicto?

El fin de semana es el momento elegido por los diarios para comunicar su posicionamiento editorial frente a los temas de las semana, y esta vez sin dudas el conflicto por la puesta en funcionamiento de Botnia marcó buena parte de la agenda de los diarios que privilegian hablar de la escena nacional. En todos los casos, la noticia se analiza casi simplemente desde una perspectiva política sobre las relaciones internacionales entre Argentina y Uruguay.

Esta línea está lejos de contribuir a lo que desde aquí señalamos como una vía difícil pero beneficiosa a largo plazo para desarrollar un modelo socioambiental consensuado por la población de la región. Un desarrollo sustentable se logra cambiando la óptica para centrar el foco en la región, buscando allí caminos para superar una crisis compleja, pero no insuperable, en el pueblo del litoral del Río Uruguay.


Editorial de Clarín: Agravamiento de un conflicto mal administrado.
Clarín focaliza en los errores de los gobiernos a quiene se les adjudica una mala predisposición a negociar, en especial se critica a la gestión de Kirchner una diplomacia "presa de un grupo de vecinos y ambientalistas". El párrafo destacado que resume la posición del diario es el siguiente:

"Este desencuentro entre dos vecinos con una historia compartida se da, precisamente, cuando las tendencias de la globalización, y en particular el resguardo del medio ambiente, recomiendan a los países, especialmente a los más chicos, buscar acuerdos cooperativos para el tratamiento de los problemas compartidos".


De aquí se puede suponer que el gobierno argentino solo busca obtener un rédito político del conflicto, mientras que el uruguayo suma a este factor un beneficio económico para su país. Se ve entonces el funcionamiento de la frontera como un impedimiento para una política acorde y en tal sentido es acertado decir que lo ambiental requiere acuerdos que superan los límites de los estados nacionales.

Columna de La Nación: La pasión venció a la razón
Joaquín Morales Solá ya había marcado el terreno sobre el conflicto que para él es por sobre todas las cosas diplomático. Decía en una columna del 23 de septiembre que Uruguay había aceptado postergar la autorización hasta fin de año, que ahora parece ser los primeros días de noviembre, y que se estaba redactando un protocolo verde para el río Uruguay, que tenía como principal enemigo a Gualeguaychú que lo consideraba una capitulación. La obseción es insertarse en el mundo y Montevideo parecer ser un escollo en vista a integraciones más importantes.

"Sublevación del litoral", esta es la frase que define el espíritu de la columna de ayer redactado por el mismo editorialista. La postura, pedagógica como de costumbre, apunta a señalar los errores cometidos por el gobierno argentino, cuyo párrafo saliente dictamina:

"Kirchner no está dispuesto a resignar medio centímetro de popularidad, ni
siquiera entre los minoritarios asambleístas del litoral entrerriano, aunque
para conservar lo que tiene deba endosarle muchos problemas al futuro gobierno
de su propia esposa".

Ante esta frase no queda mucho que decir ni hacer, cuando Morales Solá compara a los asambleístas con los piqueteros para opinar que a ninguno de los dos les importa el qué dirán: por eso fracasó para él la estrategia de Kirchner, que incluye también la distinción entre adhesión en público y disgusto en privado con los de Gualeguaychú. A ellos el periodista los considera protagonistas de una "rebelión" y "minoritarios", sin mencionar ninguna vía de diálogo para un actor que no puede desaparecer de la escena.

Columna de Perfil. La victoria del corto plazo
Jorge Castro escribió otro artículo centrado exclusivamente en las relaciones internacionales, señalando el mal de que sean los asambleístas quienes las "manejan" en el caso de Uruguay, a través de lo que denomina el "lenguaje del poder" en la Argentina después del 2001: la a"cción directa". Más allá de una alusión a las "buenas intenciones" no hay otras palabras para Gualeguaychú, tampoco se profundiza en el carecter de la problemática.

"El inconveniente que tiene la denominada `política exterior´ de la Argentina
actual no es sólo su completa subordinación a las necesidades de la política
doméstica, sino que, antes que eso, vive, existe, tiene razón de ser, sólo en el
más inmediato de los cortos plazos".

La crítica a esta falta de pre-visión es un buen punto esgrimido pero no hay menciones sobre el contenido de esta posible planificación que se avisora. Se plantea, como siempre, el imperativo de la integración mundial, que pasaría siempre por lo que puede identificarse como las elites, dejando de lado mecanismos de construcción colectiva.

Panorama político de Página 12. Rioplatenses
El artículo firmado por Pasquini Durán profundiza el análisis hasta llegar a incorporar críticas a la supuesta conciencia ambiental de la nación y a la falta de estrategias de diálogos con los uruguayos, pero esto se queda a nivel de política de estado. La misma línea sigue este fragmento para destacar:

"Las apelaciones demagógicas al nacionalismo elemental en el contexto de una
economía paralizada por los que querían doblarle la mano al gobierno de
centroizquierda completaron la maniobra de la derecha asociada al capital
transnacional que busca territorios empobrecidos para instalar sus empresas
contaminantes".

Es la sensación compartida de fracaso en las políticas de estado, esta vez con un recorrido más profundo por las cuestiones socioeconómicas. Pero curiosamente, tal vez, el columnista de Página/12 coincide con el de La Nación en que Kirchner trató a los asambleístas como piqueteros, aunque la comparación esta vez apunta a que no tenían las mismas necesidades; de ahí el fracaso del gobierno. En definitiva, el panorama abre la línea argumental hacia los desengaños de los ambientalistas en un país que todavía no toma este tema en serio.

"Monitoreo permanente, contención a los asambleístas más crispados, espera de lo que defina la Corte Internacional", dice Santiago visto desde Olivos, la opinión de Mario Wainfield sobre el asunto es que persiste la continuidad de la agenda gubernamental. Resalta los dichos de Cristina sobre que ganaron en Gualeguaychú, dejando entrever que solo buscar gubernabilidad no es un recurso renovable. Se podría avanzar y decir que tal vez haga falta perder un voto en lo próximo para intentar construir un mejor futuro a largo plazo.

¿Donde manda marinero? Queda al final el mal sabor de boca de que ninguna voz parece advertir que una solución saludable solo es posible en el acuerdo entre dos partes de un mismo pueblo (el de Gualeguaychú- Fray Bentos), y que además esto parece ser lo único que convencerá a los gobiernos de realizar un pacto diplomático. De lo contrario, en base a sus ambiciones políticas, cada gobierno cuál seguirá atendiendo su juego interno, desdeñando un necesario pacto para vivir entre hermanos.


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