1.11.06

Minería, o la gran oquedad en nuestra tierra

Todo empezó con un documental, después vino el debate sobre desarrollo versus contaminación y ahora el eje se puso en el aspecto político. Lo cierto es que, no importa por donde se lo mire, la gran minería trasnacional deja un gran agujero ambiental y económico en la Argentina. El foro de recursos naturales puso a la "minería bajo la lupa", aunque a veces el impacto se ve solo sobrevolando a simple vista el gran cráter que deja una explotación minera.

La Secretaria de Extensión, Graduados y Bienestar de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA realizó este martes el tercer encuentro del foro sobre minería en Ciudad Universitaria, donde especialistas de diversas disciplinas dieron su opinión sobre quién hace el gran negocio en la gran minería. A diferencia de la segunda edición, donde las opiniones estuvieron dividas, esta vez fue más bien clara la condena a esta actividad extractiva.


"Argentina está en la frontera minera", advirtió el politólogo Nicolás Gutman. Por eso coincidió con los organizadores, que fundamentaron la importancia del debate, y de que la universidad realice su aporte en este sentido, en que las inversiones recién están empezando (y solo la resistencia de las comunidades parece poder detenerlas). Inversiones que, según mencionó en otra edición del foro el ingeniero en minas Oscar Nieva, terminan siendo pagadas por el Estado para que se lleven todos los productos al exterior.

Abrió la jornada un irónico Eduardo Pigretti, director del posgrado de la especialidad de recursos naturales de la UBA, quien mostró fotografías de los grandes pozos que dejan las mineras, similares en diámetro a ciudades de miles de habitantes. Por su peligro, sobre algunos está prohibido volar. El especialista coincidió con el diagnóstico anterior: las leyes de los noventa "deducían tanto que el Estado quedó debiendo". No solo estableció como tope de regalías un exiguo 3 por ciento de los minerales en boca de mina sino que impuso una serie de "incentivos" para terminar con un panorama en el que pagamos para que nos lleven los recursos naturales.

Los llamados incentivos fueron un regalo para los capitales internacionales, en eso coincidió también José Sbattella, que realizó estudios para la UNCTAD, división de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, en el que las conclusiones fueron que los impuestos han sido bajos. En pos de incentivar las inversiones extranjeras directas, se terminó entregando nuestros bienes naturales. El economista también es co-fundador del Instituto de Estudios Fiscales y Económicos (IEFE), que en un artículo reciente de Página 12 informó que la carga fiscal argentina se encuentra 20 puntos debajo de los promedios de Canadá y Australia.

Sbatella tuvo que bucear en un "agujero negro de información" para poder calcular la renta de las empresas, esto es, la diferencia entre precio de venta y costo de producción. Es que a la suba del precio internacional del oro se le sumó en la Argentina la baja del costo de producción debido a la devaluación del 2002. La estructura diseñada hizo que el Estado solo reciba una participación del 4,8 por ciento en las ganancias del oro hasta el 2004, año en que Minera Alumbrera dejó de percibir compensaciones por su inversión y empezó a pagar ganancias, por lo que el porcentaje subió al 16,3.

Claro, lo que no se cobra, y por eso no puede figurar entre los costos, es el agua necesaria para la actividad, lo que parece un doble pecado por la escasa cantidad de agua que hay en esas regiones semiáridas, como San Juan o La Rioja, donde se opone a la agricultura. En la segunda edición del foro, Miguel Auge, titular de Hidrogeología de la FCEN, había manifestado que las explotaciones generaron "un serio deterioro en la calidad y disponibilidad del agua", además del peligro de contaminación, que es mayor en La Alumbrera porque no se realizó la impermeabilización del dique de cola sino que fue reemplazado por un sistema de bombeo.

"Es un recurso geopolítico", insistió el biólogo Guido Galafassi, director de la revista Theomai, quien realizó un análisis de fondo de la minería en el que la equiparó a otras actividades que usufructan los bienes naturales. Así, dijo, la ecología política habla de una segunda contradicción del capital, ya no con el trabajo sino con las condiciones de producción, con su "materia prima": la naturaleza. De este modo, se equipararía a la economía de la soja, basada en la deforestación y el agotamiento del suelo. Se trataría entonces de la misma política económica insustentable.

Que esto es así lo demostró Gutman, ya que en su disertación mencionó que la minería suele dejar tras de sí ciudades fantasmas sumidas en la pobreza, tal y como dejo la fiebre del oro en Estados Unidos. Sucede que las empresas no suelen pagar sus "externalidades", entendidas como el costo de cierre de las minas. Mencionó además varios ejemplos de accidentes que ocurrieron en el mundo, como en el país del norte, Rumania, Perú o Guyana, algunos nombrados también por Javier Rodríguez Pardo en un artículo reciente.

Este tipo de "accidentes" que el Estado, y todos los ciudadanos, debieron pagar para tratar de recomponer el ambiente y la salud de las personas es lo que hizo tomar al pueblo de Esquel la actitud firme del No a la Mina, tal y como lo rescató Galafassi: "No se conformaban con el cambio de la legislación o de la ecuación económica". Este sábado organizan una marcha en repudio a los juicios contra vecinos y periodistas que difundieron un plan de la minera Barrick Gold para convencer a los ciudadanos de los beneficios del oro.

En la edición anterior, el geólogo Fernando Díaz había detallado los principales impactos ambientales en la destrucción del paisaje, el impacto del balance hidrológico, el drenaje ácido, la contaminación de aguas superficiales y subterréaneas, la sedimentación y las emisiones aéreas producto de las explosiones. El ingeniero en minas Néstor Altamira había calificado de alarmistas estos argumentos y destacado el crecimiento que genera la minería.

En el último encuentro, Gutman dejó dos datos claves: mientras que la minería emplea el 0,09 por ciento de la mano de obra mundial, según la Organización Internacional del Trabajo, la misma actividad es culpable del 5 por ciento de las muertes laborales declaradas, cifra que se elevaría si agregamos los índices de morbilidad.

Para leer más: El director de minería miente o peca de ignorancia supina
ComAmbiental: ¿Política ambiental minera?

SECCIÓN: Minas

Nota del editor: Por un error, antes se escribió Goodman, cuando el apellido correcto es Gutman.

1 comentario:

Rubens Marques de Oliveira dijo...

Muito bom o seu Blog!

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