10.3.06

Un pueblo envenenado

"¿Por qué hay tantos chicos con pañuelito blanco en la cuadra?"
Esta era la pregunta recurrente en boca de las madres del barrio Ituzaingó Anexo, en las afueras de la ciudad de Córdoba, Argentina. Entre sus 5.000 habitantes, ya se encontraron alrededor de 400 enfermos con lupus, cáncer, leucemia, tumores malignos, alergias graves o asma crónica. Una de las posibles causas, pero no la única según los expertos, es la fumigación con glifosato en los campos que rodean el poblado, dedicados al cultivo de soja transgénica.

Desde el año 2001, un grupo de madres comenzó a luchar por un ambiente sano para sus familias y vecinos. Tras un relevamiento propio que encontró 28 enfermos en un radio de tan solo 400 metros, empezaron a reclamar estudios de suelo, aire y agua, incluyendo los transformadores del servicio eléctrico. Una de las sospechas más fuertes recayó sobre la cercanía de los cultivos de soja transgénica, alterada para ser resistente a fuertes fumigaciones de dudosa seguridad sanitaria.

Así empezó a contar Rita Godoy, una de las madres damnificadas. Su testimonio espeluznante, por los hechos relatados, dejó boquiabiertos a los presentes en la conferencia de prensa que brindó junta al Grupo de Reflexión Rural y GRAIN en el Senado Nacional, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

"Mi hijo estaba jugando sobre un árbol junto a otros niños, cuando le empezó a arder la cara y las manos; bajó, se mojó para refrescarse y de pronto la parte blanca de sus ojos se le salió para afuera". Así, en el límite entre lo morboso y la cruel verdad. El niño fue hospitalizado de urgencia. Cuando lo indagaron para saber a qué estuvo expuesto, ingenuamente contestó: "estábamos mirando la avioneta, ma".

Una avioneta que fumigaba por encima de la gente, literalmente (Ver nota relacionada) . El campo de soja se extendía - y aún lo hace- hasta el borde del asfalto que separa al barrio Ituzaingó Anexo de los cultivos linderos. Las madres se movilizaron: lograron la prohibición de las fumigaciones aéreas y la sanción de una ordenanza municipal que exige una separación de 2.500 metros entre el lugar a fumigar y el asentamiento urbano.

Sin embargo, las madres siguen reclamando e insisten en que las fumigaciones continúan por tierra, en la complicidad de la noche, sin respetar esta distancia. Rita dejó el pueblo debido al riesgo ambiental y pudo mudarse con su familia a Buenos Aires. "Cada vez nacen más niños con malformaciones genéticas de todo tipo y en animales se ven mucho más, pollitos con tres patas por ejemplo".

El temor se funda en la presencia de glifosato y endosulfán en los plaguicidas que se venden en paquete por Monsanto y otras empresas para el cultivo de la soja transgénica y cuyos vestigios se hallaron incluso en los tanques de agua de los hogares de Ituzaingó. De acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional de San Luis, esas sustancias son disruptores endócrinos que pueden cambiar el mecanismo hormonal de los seres humanos que están expuestos a ellas.

"Cada casa suele tener su limonero o su naranjo y ahora no nos animamos a comer sus frutas -agregó Rita-; sus hojas tienen siempre un polvillo blanco que no sabemos qué es." No sólo por eso se alejó del barrio, también por las amenazas constantes de anónimos que defendían los cultivos con armas, con el aval de la policía.

De todas formas, Rita no abandonó la lucha. Del 13 al 31 de marzo estará en Curitiba, Brasil, junto a otras "Víctimas de Agronegocios" de Paraguay y México, para hacer oír sus reclamos en la Cumbre del Protocolo de Bioseguridad y Convenio de Biodiversidad.

SECCIÓN: TIERRA/ TRANSGÉNICOS

Foto: www.grr.org.ar

Noticias que no son noticias

Daniel Santoro, el reconocido periodista de Clarín, explica en su libro Técnicas de investigación que "la realidad está llena de hechos que algún tipo de poder ha ocultado para que la opinión pública no los conozca". Tal vez esto nos sirva para entender cómo un caso de tanta gravedad no haya salido publicado en grandes titulares en su diario y La Nación, los dos principales medios del país, hasta colocarlo en la agenda pública. De hecho, solo Página 12 parece haberse interesado, por su perfil más cercano a lo social, pero sin meter demasiado el dedo en la llaga.

Diane Jukfsky escribió también que "las historias ambientales en los diarios tienden a criticar las políticas de gobierno, así como las actividades contaminantes de los sectores comerciales e industriales [...] Los políticos y hombres de negocio son personas poderosas. Los medios de comunicación dependen de ellos para obtener publicidad. Pocas empresas quieren un aviso suyo junto a una historia que critica la inhabilidad del gobierno para detener la tala ilegal en una zona protegida". En un país donde se eleva a la soja transgénica a la categoría de salvadora nacional, dislumbrando en sus ganancias una fuente de ahorro fiscal, pocos quieren ver el lado oscuro de los hechos.

Así se explican las noticias que no terminan de ser noticias.

SECCIÓN: COMUNICACIÓN/ PERIODISMO AMBIENTAL

1 comentario:

Anónimo dijo...
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