19.5.14

Bares: Destruyendo espacios verdes urbanos

La ONU considera la Ciudad de Buenos Aires como la segunda peor de América Latina en superficie de espacios verdes por habitantes. En este columna, Matías Pandolfi, investigador del CONICET y profesor de la UBA, critica la reciente Ley sancionada por la Legistura Porteña para permitir la instalación de bares en parques. Además del impacto ambiental sobre la fauna de los espacios verdes, critica también lo que puede considerarse el impacto cultural en estos lugares públicos: "¿Qué conciencia ecológica se puede trasmitir desde un Starbucks o un McCafé instalado adentro de un parque con rejas?"


El Parque Centenario sería uno de los afectados por la Ley. Foto: ComAmbiental.

COLUMNA.
Por Matías Pandolfi

Biólogo. Investigador del Conicet. 
Profesor de la FCEN-UBA 

“Para los gobiernos, el ambiente es una cuestión ajena, que no merece una importancia relevante como para estar en la agenda. Hay algo que vemos en todo el planeta: la gobernabilidad está en manos de gobernantes culturalmente casi primitivos".  Estas frases fueron pronunciadas en abril de este año por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, durante la presentación de la Oficina de Justicia Ambiental. Posteriormente una mayoría compuesta por PRO y UNEN en La Legislatura han, de alguna manera, atentado contra la naturaleza en nuestra ciudad sancionando una ley que promueve la construcción de bares en los ya enrejados espacios verdes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La presencia de bares en los parques les quita a los espacios verdes su esencia, arruina el paisaje y afecta la salud de las plantas y los animales que en ellos habitan. Cuanto menos se parece un espacio verde a un espacio natural, las malas costumbres urbanas y la contaminación se incrementan.

A principios de este año los porteños amanecimos con la triste noticia de que grandes sábalos flotaban muertos en la superficie del Lago de Regatas. Una de las causas que explicó este fenómeno fue la presencia de cianobacterias, organismos microscópicos que proliferan cuando aumentan en exceso los nutrientes del agua. La aparición de nuevas fuentes de materia orgánica, que llegarían con seguridad al agua generando exceso de nutrientes, se incrementaría muchísimo con la presencia de estos puestos que venden, justamente, comida. Esto pone aún más en peligro la vida de las diversas especies de peces que habitan los lagos urbanos: carpas, chanchitas, sábalos, bagres, entre otros tantos.

Por otro lado existen más de 30 especies de aves que conviven con los seres humanos en estas plazas y parques: gorriones, benteveos, zorzales colorados, tordos, horneros y cardenales entre otros. La contaminación sonora, visual y los olores que surgirán de estas nuevas construcciones lograrán que muchas de estas especies se desplacen a zonas más tranquilas y sean reemplazadas por especies que están más adaptadas a la intervención humana, como las palomas, que además son transmisores de numerosas enfermedades. El aumento de la cantidad de roedores atraídos por estas nuevas fuentes de alimento sería también un gran problema para los espacios verdes urbanos.

La sola observación que un ciudadano tiene sobre los espacios verdes, así como el contacto con la naturaleza que lo rodea, le permite adquirir al habitante de la ciudad un aprendizaje experimental sobre el funcionamiento de los ecosistemas urbanos. Esa experiencia el ciudadano se la trasmite a sus hijos y a sus pares. El desarrollo de una conciencia ambiental ciudadana es fundamental para involucrarnos en el conocimiento y la conservación del entorno natural. Por eso el entorno tiene que ser lo más natural posible, y esta errada ley desdibuja irreversiblemente esa naturaleza ¿Qué conciencia ecológica se puede trasmitir desde un Starbucks o un McCafé instalado adentro de un parque con rejas?

Durante el debate en la Legislatura Porteña muchos vecinos expresaron su rechazo al proyecto y un grupo comenzó a hostigarlos, a insultarlos y les rompieron sus carteles. Los vecinos de la ciudad tienen el mismo derecho a defender su ecosistema que tienen los pobladores que no quieren minería a cielo abierto o que no quieren ser rociados con agroquímicos. Merecen también que se escuchen sus argumentos.

Esta norma va en contra del artículo 27 de la Constitución de la Ciudad, que promueve la preservación e incremento de los espacios verdes y no su disminución. Los otros dos poderes del Estado han avanzado contra la naturaleza. Esperemos que el Poder Judicial detenga este atropello y declare inconstitucional esta ley. Los porteños también necesitamos estar conectados con nuestro medio ambiente. Como dice el Presidente de la Corte Suprema tenemos que generar conciencia para que los futuros gobernantes tomen decisiones menos cortoplacistas y dejen de considerar al medio ambiente como algo ajeno de lo que sólo nos ocupamos los científicos, los artistas o las ONGs.


Ver también:
ComAmbiental: Arcos: Ilegalidad de IRSA, complicidad de APrA

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