12.10.13

1492

La fecha que se conmemora hoy nos lleva pensar en el origen de la crisis ecológica, entendida como una crisis civilizatoria. El peligro de una mono-cultura que intenta expandirse a todo el planeta. La ecología surgió dentro de la ciencia como primer "descubrimiento" de esta problemática, pero a partir de allí aparecen dos grandes caminos. Uno no cuestiona el cientificismo y reproduce la tecnocracia. Otro realiza una crítica profunda a la tecnociencia moderna, dentro de una Ecología Política que argumenta la importancia de la dimensión cultural. En ese sentido, el desafío de sostener la diversidad cultural en conjunto con la diversidad ecológica nos retrotrae a 1492. El inicio de Civilización y Barbarie. La necesidad de descolonizar el pensamiento.


COLUMNA DE OPINIÓN
Por Pablo Gavirati (UBA)

En Argentina, pasamos de celebrar el "Día de la Raza" al "Día de la Diversidad Cultural". Sin embargo, no es suficiente este gesto simbólico, en la misma línea que retirar la escultura de Cristobal Colón. Aún las élites nacionales prosiguen con la misión civilizatoria, que en las últimas décadas tomó el nombre de Desarrollo. Por el contrario, no es casual que la mayor diversidad ecológica se encuentre en territorios indígenas, como ocurre en el Yasuní de Ecuador, que amenaza ser sumergido en petroleo. De este modo, la frontera productiva se convierte en una frontera civilizatoria, donde el mono-cultivo es mono-cultura. En una colonización que prosigue con la fuerza de la modernización económica.

Ecologismo y decolonialidad. Por la década de 1970, cuando surgía el movimiento ambientalista a nivel global, comenzó un debate que tiene influencias hasta hoy. Esto es así, porque en principio la Ecología surgió como una ciencia, primero dentro del campo de la biología, y luego en forma autónoma. Si bien nunca dejó de haber contacto entre "científicos" y "activistas", algunos de los primeros empezaron a denominarse "ecólogos" como forma de contraponerse a los "ecologistas". Puesto que los primeros reivindicaron su rol como científicos, de este modo aportando un conocimiento "neutral"; mientras que los segundos eran activistas, por ello también "ideologizados".

En otros términos, el pensador Andre Gorz, uno de los fundadores de la Ecología Política, visualizó en un artículo de 1992 una gran división entre el movimiento ecologista. Distinguió entre un "ala tecnocrática" y otra "ala radical- democrática". Si bien no estaba escrito en estos términos, el discurso de "para cada problema ecológico existe una solución tecnológica" se basa en una continuidad en la creencia de la ciencia como único conocimiento legítimo y fuente de todo progreso humano. Es decir, el primer reflejo de los ecólogos que se decían "no ecologistas". Por el contrario, aquellos radicales ecologistas en los setenta eran críticos del cientificismo tecnocrático, ejemplificado en el lobby nuclear.

Desde este punto de vista, poner en debate la civilización moderna resulta fundamental para analizar la profundidad de la crisis ecológica. Y aquí es cuando es necesario el aporte de la Teoría Modernidad - Colonialidad - Decolonialidad, que explica la importancia del "descubrimiento de América" para la Europa del Renacimiento. En particular, las Monarquías Católicas de España y Portugal, en principio, que financiaron las expediciones cuyo primer objetivo era obtener riquezas. Es decir, la idea de conquista de la naturaleza tuvo que ir de la mano con la conquista de los pueblos originarios. Si el uso de la tecnología militar fue clave para la colonización, la legitimación fue la misión civilizadora. Con el humanismo, el argumento de la religión pasó a ser luego el argumento científico.

Así, en el origen mismo de la idea de civilización contra el salvajismo está también el origen de nuestra crisis ecológica. Primero fue el saqueo del continente "descubierto", que inauguró el llamado "circuito del Atlántico" y así la acumulación originaria para el capitalismo. Para pensadores como Aníbal Quijano es también el origen de la Modernidad, que se impone como un universal singular. Esto significa, una cultura particular que se expande con la pretensión de ser universal. Esta es la misión civilizatoria de las élites europeas que no culminó con la independencia de los países de América Latina. Fue una misión que continuaron los criollos, y por ello mismo Domingo Sarmiento habló de Civilización y Barbarie.

En pleno siglo XXI, lamentablemente, continúa este pensamiento modernizador, en la forma del Desarrollo. El pensamiento que legitima, por ejemplo, el desalojo de pueblos indígena - campesinos en el noroeste del país radica en este trasfondo ideológico. Se sostiene que la implantación del monocultivo de soja, hecho con la tecnociencia del paquete transgénico, es una forma de modernizar (civilizar). De esta forma, desplaza a una agricultura campesina, que convive con el monte, y se transmite de manera ancestral pero como una cultura viva, con raíces y en transformación. Es por ello que la frontera agrícola es una frontera civilizatoria. Entre la mono-cultura y la diversidad cultural.

Ambientalizar es Descolonizar. Por supuesto que los pueblos indígenas no hablaban en términos de ecología o medio ambiente, ya que estos son términos occidentales. Si bien este punto es extenso de explicar, la naturaleza estaba internalizada en su cultura, como Pacha Mama, como también lo estuvo alguna vez en los distintos pueblos europeos. En algún momento, no obstante, del Renacimiento y el inicio del pensamiento científico como forma de denominar la naturaleza esta debió ser concebida como una entidad exterior. La ecología fue en ese sentido también un "descubrimiento" que el ser humano no puede ser concebido como separado de su ambiente. Así, la transmodernidad es este movimiento conjunto: transfronterizo. Entre la ciencia y otras formas de conocimiento.

Ver también:
Contracultural: "La deuda indígena" (octubre 2013).
ComAmbiental: 12 de octubre: no sólo un cambio de efemérides (octubre 2010).
Darío Aranda / ComAmbiental: "Territorio robado será recuperado" (junio 2013)



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