16.4.13

El extractivismo urbano

Al cumplirse dos semanas de las trágicas inundaciones en Buenos Aires y La Plata, compartimos este artículo de Enrique Viale, abogado, luchador y pensador ambientalista. "El extractivismo ha llegado a las grandes ciudades. Pero no son los terratenientes sojeros ni la megamineras, sino la especulación inmobiliaria", expone el autor.

Por Enrique Viale
(abogado ambientalista)
Para ComAmbiental


Vecinos, organizaciones sociales y asambleas barriales -que luchan contra la construcción indiscriminada de torres y barrios privados, la privatización de la tierra y en defensa de los espacios verdes y humedales-, venían anunciando este desastre. Y, al igual que ocurre con aquellos que en las provincias resisten la megaminería y la sojización, siempre se minimizaron sus expresiones y reclamos.

Se impermeabilizan los suelos, se construye y urbaniza irracionalmente y se avanza sobre las superficies absorbentes en áreas urbanas y suburbanas que no las planifica el interés general, sino la especulación inmobiliaria a través de los privilegios que le conceden quienes ocupan cargos en los Estados.

Con una vertiginosa lógica de mercado se consolida un modelo de acumulación por desposesión, que conduce a la concentración de la propiedad de la tierra (el territorio) e implica el desprecio por el ambiente y los bienes comunes. El “extractivismo” ha llegado a las grandes ciudades. Pero no son los terratenientes sojeros ni la megamineras, sino la especulación inmobiliaria la que aquí expulsa y provoca desplazamientos de población, aglutina riqueza y territorio, se apropia de lo público, provoca daños ambientales generalizados y desafía a la naturaleza en el marco de una marcada degradación institucional y social. Se impone así un sistema especulativo, que implica privatizar beneficios y socializar costos.

Una de las zonas más afectadas del partido de La Plata fue la localidad de Tolosa, la cual vio desbordado el arroyo El Gato, uno de los más contaminados de la provincia. Comienza ahora otra etapa en este tipo de catástrofes -más "silenciosa" pero igual de dañina- que tiene que ver con las enfermedades y epidemias sobrevivientes cuyas consecuencias nunca se contabilizan. En la ciudad de Buenos Aires -lejos de la atención mediática- también distintos asentamientos y villas sufrieron las secuelas del temporal en el marco de una urbe en emergencia habitacional.

Por su parte, el Cambio Climático (que llegó para quedarse) no es una excusa, por el contrario, acentúa la responsabilidad de los gobiernos. Este fenómeno provoca una mayor recurrencia y virulencia de los eventos climáticos extremos, los que ya no pueden considerarse imprevisibles. Hay que adaptarse y para ello no sólo debe desarrollarse un ordenamiento territorial serio, responsable y participativo (que además proteja y sume espacios absorbentes y reguladores), sino que hay que activar sistemas de alertas tempranas y de contingencias, todos absolutamente ausentes en el presente desastre. 
 
Por último, no sólo debemos confrontar fuertemente este modelo que deja la planificación urbana en manos de la especulación inmobiliaria sino que esta dolorosa tragedia nos tiene que obligar a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza (en realidad, como parte de ella) para así poder encarar soluciones reales y efectivas.


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