11.3.13

Todos Somos Fukushima: Ni olvido ni perdón

En esta nota, a dos años del gran terremoto de Japón, se argumenta que hubo dos crisis: una natural y otra ambiental. Asimismo, se postula Fukushima como un caso paradigmático de injusticia ambiental. Se analiza la forma en que el tema se trató en Argentina. Y se concluye con los puntos críticos del debate civilizatorio que plantea la crisis nuclear.


Por Pablo Gavirati
Grupo de Estudios del Este Asiático (UBA)

Fukushima es un caso grave de injusticia ambiental. Foto: Greenpeace.

Ya pasaron dos años de un día que no puedo olvidar, que no se debe olvidar. Ni olvido ni perdón. Personalmente, por mi (parcial) ascendencia japonesa (okinawense), y sobre todo luego por mi estrecha cercanía con personas con familiares en la prefectura (provincia) de Fukushima. Socialmente, el dolor también enseña. Y esta tragedia (esta doble tragedia) tuvo muchas enseñanzas.

Hubo dos tragedias. La primera, fue sí una tragedia natural, como fue el terremoto y el tsunami, que se llevó comunidades y ciudades costeras, y recordó otra vez que el archipiélago japonés está en el "cinturón de fuego" del planeta. La segunda, una tragedia social, política, económica, en fin, una verdadera tragedia ambiental, como fue la crisis nuclear que todavía continúa.

La primera tragedia puede discutirse si fue de algún modo "mitigada" por la modernidad avanzada de Japón. Hubo 19 mil personas muertas o desaparecidas. Dicen los expertos que pudieron ser más si el país no contase con tecnologías antisísmicas. Aunque tal vez puede decirse también que los edificios (construcción moderna) son más vulnerables a un terremoto.

La segunda tragedia, ya sin dudas, está causada por la propia modernización de Japón. Y es una tragedia que aún continúa. Son unos 150 mil desplazados (desterrados) por la destrucción de los reactores nucleares de la central nuclear "Fukushima". Y se estima que las tareas de mantenimiento y desmantelamiento continuarán al menos hasta el 2051, aunque la radiación seguirá en el ambiente.

Japón no es un solo Japón. El desastre nuclear lo sufre principalmente la población cercana al reactor nuclear. Según un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud, en un radio de 20 kilómetros el riesgo de cáncer de tiroides en mujeres y niños ha llegado a un 1,25 por ciento, cuando el índice común es de 0,75. Ahora preocupan también los impactos en la salud mental.

Pero el carácter más perverso de esta situación se da por el hecho de que la energía que producía la central de Fukushima estaba destinada principalmente al hiper-consumismo de la gran capital de Tokyo. (El ahorro energético fue a la fuerza, a posteriori).Y que ahora las personas de Fukushima son discriminadas por estar contaminadas por la radiación, mientras su economía regional está arruinada.

Se trata de un caso típico de injusticia ambiental que es una constante en el mundo moderno. Un territorio se impone sobre otro, ya sea en la construcción de un Estado-Nación (colonialismo interno), como en la relación de este país con otros países (colonialismo común). Para colmo, hace meses Japón volvió a elegir el mismo gobierno conservador, que busca ahora reactivar su política nuclear nacional.

Las protestas crecen pero no afectan la política. Foto: AJW.
La mediación argentina. De todo aquello puede decirse mucho más, y sin dudas es un desafío explicar todos los puntos de la complejidad interna de Japón, desde la época Meiji (1868). Por eso mismo, interesa rescatar algunos puntos que tienen que ver con la lectura que se hizo desde Argentina (precisando, en Buenos Aires). Aspectos que trabajé en la presentación "De Fukushima a Atucha".

Puntualizando en los grandes medios, hubo una reacción masiva que fue el sensacionalismo ante la tragedia, lo cual fue ostensiblemente fuerte para la comunidad nikkei (de descendientes de japoneses). Pero profundizando el análisis, podemos encontrar dos grandes discursos sobre lo ocurrido hace dos años, y que se corresponde con lo dicho sobre la primera y segunda tragedias.

En referencia a la primera, se activó el sentido del "japonismo", es decir, una mirada de la superioridad de la cultura japonesa para enfrentar el terremoto y la reconstrucción. Es decir, Japón, país civilizado y moderno. Pero cuando se impuso el drama de la segunda tragedia, el sentido fue inverso aunque se mantuvo el excepcionalismo: el problema no es la energía nuclear, sino cómo se aplicó en Japón.

Crisis civilizatoria. Como he expuesto en otro artículo, lo que llegó mayoritariamente a la prensa argentina fue fruto de un mismo condicionamiento: el lobby nuclear mundial. La misma elite que ponía a Japón como ejemplo nuclear, luego trató de culpabilizarlo como forma de "contener los daños". Hay un debate civilizatorio, no entre Japón y el resto del mundo, sino dentro de Japón, dentro del Planeta.

Como parte de este conflicto, Greenpeace inició ahora una campaña mundial para que las corporaciones General Electric, Hitachi y Toshiba "paguen por su responsabilidad en el desastre". Ellas "diseñaron, construyeron y mantuvieron en funcionamiento los reactores" pero "evadieron su responsabilidad por las fallas de los reactores y no pagaron un centavo". Son las "externalidades" de la rentabilidad.

Estas empresas fueron contratadas por TEPCO, la compañía (de Tokyo) operadora de la central de Fukushima, que fue "nacionalizada" ya que no podía afrontar sus deudas. El costo estimado ronda los 250 mil millones de dólares, y por supuesto es la población la que sufre la falta de, al menos, estas compensaciones económicas. Cuando no el abandono de un gobierno en el que confiaban.

Por todo ello, ni olvido ni perdón son permitidos. Porque todos somos Fukushima. Todos somos, todos fuimos, todos podemos ser.

En Córdoba. Como parte de las acciones del día, 40 activistas de Greenepace Argentina burlaron las medidas de seguridad de Embalse e iniciaron una protesta. Fueron detenidos luego. "Esta acción de Greenpeace demuestra, a dos años de la catástrofe de Fukushima, que la seguridad de la Central Nuclear Embalse, como la de todo reactor nuclear, es vulnerable a cualquier imprevisto. Es urgente el cierre de esta Central, que está ubicada sobre una falla sísmica y tiene su vida útil vencida, e iniciar así el abandono de la energía atómica en el país", declaró Mauro Fernández, coordinador de la Campaña de Energía de Greenpeace en Argentina.

Ver también: Sección "Nuclear" en ComAmbiental.

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