9.3.13

Maduro: "No habrá socialismo ni capitalismo si no somos capaces de salvar el planeta"

El ahora presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue el orador principal durante el Funeral de Estado que despidió a Hugo Chávez. En su discurso, expresó que la Constitución es su testamento político. Y entre los cinco objetivos que dejó como tarea a futuro, se destaca: “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”.



Se trata de la misión más importante, según expresó el propio Maduro, porque: "No existirá ni capitalismo ni socialismo ni ninguna de nuestras religiones si no somos capaces, desde donde estemos, de salvar nuestro planeta. Tenemos que eliminar las bombas nucleares, las fuerzas de destrucción y de contaminación de ríos, de mares, de calentamiento del planeta, porque de lo contrario no habrá futuro. Queda de nuestra parte hacerlo".

En nuestra nota de perspectiva sobre el legado de Chávez remarcábamos su prédica en los foros internacionales sobre cambio climático, en el que se hizo eco de los movimientos sociales: "Si el planeta fuera un banco, ya lo hubiesen salvado". Sin embargo, un análisis más completo también nos lleva a considerar la sustentabilidad propia del modelo en Venezuela, con gran dependencia del petróleo, que precisa de su renta para realizar sus políticas sociales. 

Justamente, todo ello fue uno de los puntos en la profunda columna escrita por Boaventura de Sousa Santos, aquel que habla de la Ecología de Saberes, y que fue publicada ayer en Página 12. En ella menciona puntos de su legado: la redistribución de la riqueza, la integración regional, el anti-imperialismo, el socialismo del siglo XXI y el Estado Comunal. También los desafíos: la unión cívico- militar, el régimen político, y el extractivismo, con el cual concluimos esta nota: 

"El extractivismo. La Revolución Bolivariana profundizó la dependencia del petróleo y los recursos naturales en general, un fenómeno que, lejos de ser específico de Venezuela, está hoy presente en otros países administrados por gobiernos que consideramos progresistas, como Brasil, Argentina, Ecuador o Bolivia. La dependencia excesiva de los recursos naturales bloquea la diversificación de la economía, destruye el medioambiente y, sobre todo, constituye una agresión constante a las poblaciones indígenas y campesinas, en cuyos territorios se encuentran esos recursos, contaminando sus aguas, desconociendo sus derechos ancestrales, violando el derecho internacional que exige la consulta a las poblaciones, expulsándolas de sus tierras, asesinando a sus líderes comunitarios. Hace apenas unos días asesinaron a un gran líder indígena de la Sierra de Perijá (Venezuela), Sabino Romero, referente de una lucha con la que me solidarizo desde hace años. ¿Sabrán los sucesores de Chávez enfrentar este problema?"

ACTUALIZACIÓN 10/3. Incorporamos la opinión de Miguel Bonasso sobre el tema, comparando los modelos de Venezuela y Argentina: "Hay, es cierto, una similitud de ambos modelos en materia económica: ninguno de los dos logró cambiar la matriz productiva. Venezuela sigue siendo petróleo-dependiente y Argentina agroexportadora. Pero aún en esa falencia compartida hay diferencias a favor de los bolivarianos: la renta petrolera está absolutamente en manos del Estado y ha servido para el desarrollo social; Argentina se está condenando a un neocolonialismo agrario, minero y “petrolero no convencional”, que no beneficia a las grandes mayorías sino –por caso- a Monsanto, la Barrick o Chevron".


Ver también:
ComAmbiental: "La sustentabilidad del modelo chavista"

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