12.9.11

Japón, a seis meses de la tragedia, los esfuerzos por la reconstrucción

Hoy explotó en Francia un horno de un centro de residuos radiactivos. Justamente, ayer se cumpló medio año del terremoto, el tsunami y la crisis nuclear de Fukushima. En este informe, un balance de la situación actual y la perspectiva de dos analistas argentinos que viven en Japón.


11 de septiembre de 2011. Video de la Agencia EFE


Uno de los resultados de la crisis fue la renuncia del Primer Ministro Naoto Kan, del gobernante Partido Democrático de Japón. La crítica principal que recibió fue la falta de decisión, considerada como insensibilidad o desinteligencia de su equipo frente a los habitantes más afectados en la zona noreste de Japón.

ComAmbiental habló con Marta Pena de Matsushita, doctora en Ciencia Política y profesora emérita de la Universidad de Doshisha en Kioto que acaba de presentar en la Argentina su libro La cultura de Japón. Mitos, educación, identidad nacional y sociedad (Kaicron).

Para la académica: “Se crearon comités y ministerios ad hoc que se superponen y generan confusión. En un contexto de normalidad, Japón trabaja muy bien con los procesos de consenso pero creo que en situación de anormalidad extrema se tienen que tomar decisiones con más agilidad y que aporten soluciones más globales”.

Con esa promesa asumió Yoshihiko Noda que hasta semanas atrás se desempeñaba como Ministro de Finanzas. Sin embargo, Pena de Matsushita opinó que el cambio debe ser más profundo. El desafío es grande y gira en torno a tres ejes centrales.

Desde el punto de vista económico, el gobierno japonés anunció que la reconstrucción demandará un presupuesto de 180 mil millones de euros, tanto para financiar las obras de infraestructura y vivienda como para sostener seguros de desempleo y subsidios a empresas para que no cierren ni se muden al extranjero porque el yen está alto. Para ello, el gobierno de Noda prepara un plan de aumento gradual de impuestos por diez años comenzando en 2012, aunque los opositores piden esperar a que el contexto internacional mejore.

Lo cierto es que las familias que debieron abandonar sus casas en un radio de 20km alrededor de la planta Fukushima-I (unas 80.000 personas) empezarán a cobrar una compensación recién a partir de octubre, aportada por el estado nacional y TEPCO, la principal empresa responsable de la central nuclear.

En el aspecto urbanístico, Pena de Matsushita sugirió –según estimaciones de un colega– que la remoción y disposición de todos los escombros llevaría cerca de 26 años, sumado a que no se definió todavía un plan de urbanización para la zona afectada.

El consultor jurídico Alberto Matsumoto, argentino nikkei residente en Japón, aclaró en una conferencia en Buenos Aires que hay dos dificultades para reorganizar las propiedades. Primero, se perdió documentación catastral. Segundo, zonas costeras quedaron anegadas o el terreno se corrió –en algunos lugares– hasta tres metros.

El tercer eslabón y quizás el que más incertidumbre aporta sobre los dos anteriores es la contaminación radiactiva. Si bien las emisiones de Fukushima-I disminuyeron, aún no están controladas.

En Fukushima, se realizan “limpiezas comunitarias” de los espacios públicos y se empezó a plantar girasoles en los jardines porque absorberían la radiación. El suelo de los patios de las escuelas fue removido. Los alumnos primarios recibieron cada uno un dosímetro, para llevar en el cuello desde sus casas ida y vuelta, para que el gobierno obtenga un mapa de la radiactividad y así sugerir luego cuáles son los caminos “menos peligrosos” para los niños.


Matsumoto recordó que “la radiactividad se esparce por el aire y el agua y no se ve”. Así, se encontraron niveles de cesio radiactivo superiores a los normales en los cultivos de té más famosos de Japón, en Shizuoka a más de 200 kilómetros de Fukushima-I. Lo mismo sucedió con mediciones de Greenpeace Japón en el océano.

En este aspecto, parte de las actividades de recordatorio en Japón incluyeron una manifestación de 2.500 personas en la ciudad de Tokio para que el país altamente sísmico no tenga centrales nucleares. El reclamo enfrenta una fuerte campaña del gobierno japonés que busca mostrar que su tecnología es segura, con el interés de exportar sus plantas nucleares –aún después de Fukushima-I– a Rusia, Vietnam, Corea del Sur, Jordania y cinco países más.

La Alianza Ciudadana para Salvar la Atmósfera y la Tierra (CASA es la sigla en inglés) insistió con un documento emitido en junio que expone que Japón puede cerrar sus plantas nucleares para el 2030 y reducir los niveles de emisiones de CO2 de 1990 al 25% para el año 2020, mediante más energías renovables y eficiencia energética. En este sentido, la crisis es una oportunidad de cambio también a nivel sociocultural: “Japón necesita discutir seriamente si elige la energía nuclear como fuente para su futuro”, concluyó la ONG.

Fuentes consultadas: Asahi Shimbun, EFE, Europa Press, Greenpeace Japón, Japan Times, Kyodo News, NHK.
Fotos: ComAmbiental.

Link de interés:
Fukushima-I alcanzó el nivel 7 en la escala de accidentes nucleares (12/4/2011)

1 comentario:

Silvana Pisari dijo...

Ninguno de nosotros estamos exentos de lo sucedido en Japón. Todos hemos aportado, desde distintas latitudes, nuestro deseo para la reconstrucción física y emocional de todos las personas afectadas. Los resultados de ese deseo están a la vista, se percibe la fuerza y la conexión global, porque Japón somos todos. El tsunami no fue más que el reflejo del interior de la humanidad y el hombre ha demostrado que trabajando en equipo, sin distinciones raciales, políticas ó religiosas, puede lograr el equilibrio con la Naturaleza.