8.6.11

Día de los Océanos y la merluza en veda

Hoy se conmemora por 3° vez en la historia el Día Mundial de los Océanos con el fin de apreciar los servicios ambientales que brindan y disminuir el impacto ambiental de la actividad humana. En la Argentina, un problema paradigmático es la crisis de la merluza y ComAmbiental consultó la opinión de Guillermo Cañete, Coordinador del Programa Marino de Fundación Vida Silvestre.


Día Mundial de los Océanos (Junio 2009), hecho por la Fundación Oceana.

La pesca de la especie más popular en la dieta argentina está actualmente suspendida sobre la costa bonaerense porque alcanzó un nivel de explotación que podría extinguir el recurso económico. Todavía falta investigación y compromiso ecológico en las decisiones políticas para que las riquezas del Mar Argentino no rinden frutos solo en el corto plazo.

La gota hace el océano. Desde 2009, Naciones Unidas eligió el 8 de junio para recordar que los océanos son el mayor generador de oxígeno, “una fuente importante de alimentos y medicamentos y una parte crítica de la biosfera”. La Fundación Patagonia Natural (FPN) destacó en un comunicado que el 60% de la población mundial vive sobre las costas y que “con sólo el 8 % de la superficie marina se produce más del 25 % de la producción primaria global”. Sin embargo, tal riqueza biológica está en peligro y solo el 1% de los mares está protegido.

Entre las amenazas más graves, Greenpeace enfatizó:
- la acidificación de los mares, causada por acumulación de los gases de efecto invernadero,
- la contaminación, por químicos industriales, agrícolas, petróleo, y basura.
-la sobrepesca
-la destrucción de costas, manglares y playas.
-el cambio climático.

Protección de los mares. La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable realizó una jornada de intercambio de experiencias sobre su preservación, junto con la Prefectura Naval Argentina, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Asociación de Amigos de Parques Nacionales y la Asamblea ciudadana de Villa Gesell.

Un ejemplo notable es el Sistema Interjurisdiccional de Áreas Protegidas Costero-Marinas, coordinado por la FPN, que se está implementando con el fin de coordinar esfuerzos nacionales y de las provincias de Buenos Aires, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, estrechando acuerdos con los sectores productivos, para gestionar de manera sustentable zonas representativas del Gran Ecosistema Marino-Costero Patagónico (GEMCP).

La importancia de proteger el Mar Argentino y sus costas subyace en la variedad y cantidad de especies que lo habitan, y que también migran desde y hacia África, la Antártida, el Atlántico Norte u Oceanía. Desde el aspecto económico, se trata de “una de las pesquerías comerciales más rentables del mundo, generando un volumen total promedio registrado de aproximadamente 1 millón de toneladas métricas por año desde mediados de los 90”, aclara la Fundación. No obstante, el recurso nacional no está exento de las amenazas mencionadas por Greenpeace.

Pesca en crisis. Un caso elocuente y grave es la crisis de la merluza que se suma al adelantamiento del cierre de la pesca de calamar (tres meses antes de lo habitual). El motivo es el mismo: la escasez del recurso. A partir del 27 de mayo, la pesca de merluza quedó vedada por 30 días, al norte del paralelo 41° latitud sur, lo que afecta a la ciudad de Mar del Plata, cuya fuerza laboral depende en un 40% de dicho pescado.

Guillermo Cañete, Coordinador del Programa Marino de la Fundación Vida Silvestre, expresó telefónicamente a ComAmbiental que “la medida fue una reacción a la realidad que se estaba viendo en los informes sobre la cantidad de juveniles”. Y continuó: “La situación es delicada porque se está afectando la capacidad de renovación del recurso”.

Si bien la suspensión no pretende que en un mes se recupere la capacidad de reproducción de la merluza, el objetivo es “dar un margen para seguir haciendo algunos monitoreos y no afectar tanto la actividad económica”, explicó Cañete. El problema es que “no se tiene en cuenta que si el recurso disminuye demasiado, los primeros que desaparecen son los pescadores porque la actividad ya no será rentable”.

¿Responsabilidad de quién? Problema de todos. Para la Fundación NuestroMar, este año será el tercero consecutivo “con capturas menores a la mitad del valor promedio correspondiente a la década precedente” y arremetió contra la falta de “una completa y eficiente actividad científica” a cargo del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) que permita “adecuar fechas de pesca y cierre” para preservar la continuidad de la actividad.

En este sentido, Cañete aquejó que el INIDEP no completa sus campañas de investigación –para lo cual dispone de su propia flota– y luego presenta estudios de técnicos observadores a bordo de los barcos pesqueros comerciales.

En sintonía, el Centro Desarrollo y Pesca Sustentable (CeDePesca) había denunciado antes de la veda, que “tanto el año pasado como el presente, las cuotas se han sobredimensionado, basadas en un informe científico forzado políticamente, con resultados a la vista: en 2010 sólo se capturó un 75 % de la cuota y este año no será mejor, de acuerdo con la evolución de las descargas hasta mayo”.

Contrapunto. Según Clarín, para la Auditoría General de la Nación, la responsabilidad está en el Consejo Federal Pesquero (CFP) conformado por miembros del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, del Poder Ejecutivo Nacional y de las cinco provincias con litoral marítimo, presididos por el Secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos.

“La Auditoría General de la Nación comprobó que el límite de capturas establecido por el Consejo Federal Pesquero fue, en general, mayor al recomendado por el Inidep”, con el agravante de “la sobrepesca y la pesca no declarada, que estima en un 10 por ciento por encima de las capturas declaradas”, publicó el diario.

En la última acta del CFP disponible online del 2 de junio, se puede leer, sin embargo, el compromiso unánime, tanto de las cámaras empresarias como de los funcionarios, de propender:
- Evitar que las capturas totales sobre el efectivo superen aquellas consideradas como biológicamente aceptables a fin de alcanzar los objetivos de recuperación planteados.
- Exigir el uso de artes de pesca y dispositivos selectivos tanto en la pesquería dirigida como en otras en las que la merluza es capturada como by-catch, con la finalidad de lograr los beneficios que surgen de reducir la captura no deseada de juveniles.
- Mantener las actuales dimensiones del área de veda de juveniles.
- Controlar efectivamente las declaraciones de captura a fin de evitar la subdeclaración.
- Adecuar la capacidad extractiva de la flota a la realidad productiva del recurso con la finalidad de minimizar los conflictos generados con la aplicación de diversas medidas restrictivas sobre la explotación del recurso.
- Lograr una efectiva protección de las concentraciones de adultos en la temporada reproductiva.
- Asegurar la realización de las campañas de investigación dirigidas a la evaluación del recurso.

Vida Silvestre insistió en una propuesta concreta que no está en esa acta, para que la medida sea de fondo: "reducir los niveles de capturas un 30% (de 290 mil toneladas a 190-210 mil toneladas)". Una acción que sin dudas afecta el rédito de las empresas pero que permitiría proteger "el patrimonio que es de toda la sociedad".

Ver también:
Pescando merluza, pescando problemas (ComAmbiental 8/6/2010)
¿Como pez en el agua? (ComAmbiental 4/11/2006)

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