7.7.08

Para el suelo lo que es del suelo

No es novedad pero sí una emergencia: según los pocos datos que brinda el Programa Nacional de Lucha contra la Desertificación, un 75% del territorio argentino está en proceso de erosión. Ahora que el precio de los commodities aumenta y que la Argentina podría beneficiarse otra vez como granero del mundo, resulta necesario pensar primero en el largo plazo con los pies bien puestos sobre la tierra.

La deforestación, el monocultivo intensivo y el abuso de agroquímicos son factores generados por el hombre que agravan la erosión eólica e hídrica de origen natural. ComAmbiental recogió diversas posturas que circularon en torno al Día de la Conservación del Suelo, para proteger este recurso que es, como el agua, imprescindible para la vida.

En peligro. La Red Nacional Ecologista (RENACE) alertó en un comunicado que "en las últimas dos décadas los niveles de materia orgánica de los suelos disminuyeron progresivamente". Así, pasaron "de un 3,2 por ciento promedio en rotación agrícola-ganadera al 2,7 por ciento en suelos sometidos a agricultura continua convencional".

La organización ambientalista recordó que dicho período coincide con la "revolución sojera". Es decir, la expansión de un monocultivo "que no precisamente vino para asegurar 'el bienestar de todos los habitantes de la nación'… sino para empobrecer los suelos, expulsar campesinos, y contaminar con profusión de agroquímicos".

Historia. Antonio Brailovsky y Dina Foguelman ya lo habían vislumbrado en 1991 en su libro Memoria Verde. Historia ecológica de la Argentina. A partir de la década del '70, "la introducción de la soja desmejoró la calidad del suelo", expresaron al referirse a "los procesos de modernización agraria".

Por un lado, "la maquinaria pesada que penetra siempre a la misma profundidad compacta el suelo a los 18-20 centímetros, de forma que también eso dificulta el pasaje de agua y de raíces de cultivos", explicaron. Por el otro, el poco follaje de las plantas de soja no permite devolver materia orgánica al suelo como sucede en otros cultivos tradicionales y la recomposición ecológica no da abasto frente al cortoplacismo económico.

La expansión del cultivo de soja avanzó hacia el norte con la deforestación de monte nativo, provocando un desequilibrio hidrológico entre otras consecuencias. Si bien en 1991 no había todavía estudios ambientales al respecto, Brailovsky y Foguelman escribieron: "Si los suelos pampeanos, con mejor estructura y más materia orgánica, están sufriendo los efectos de la agricultura permanente llevada a sus extremos, es evidente que el efecto de esas prácticas será mucho más acentuado sobre suelos más frágiles".

Balance. Frente al discurso sobre los pasivos ambientales de la soja que dio la Secretaria de Ambiente de la Nación ante la Cámara de Diputados durante el debate sobre las retenciones, la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina protestó. Integrada por 30 entidades públicas y privadas, defendió que el aporte del cultivo de la soja y sus derivados arroja un balance más positivo que negativo.

Por supuesto, este diagnóstico se realiza con los parámetros económicos clásicos, aquellos que no contemplan todos los movimientos que afectan el patrimonio del ecosistema suelo. El decreto que en 1963 estableció el 7 de Julio como el Día de Conservación del Suelo ya lo consideraba el "soporte más sólido de la economía argentina", por lo que "la conservación de nuestro recurso natural básico es imprescindible para garantizar el bienestar de todos los habitantes de la nación".

Este es justamente el debate en que debería centrarse la política agropecuaria, donde las retenciones sirven si se encuadran en otro modelo. Como dijera el investigador Walter Pengue, deben aplicarse como "parte de la captación de la renta ambiental que se llevan gratis del país y, como medida resarcitoria, paliativa, de gestión y redistribución hacia el mismo sector, con lo que se podría promover una gestión más sostenible".

Suelo y alimentos. AIM rescató el testimonio de un especialista en suelos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Roberto Casas, sobre la situación. Sostuvo que “la agricultura tuvo una productividad creciente y el sueño utópico de las 100 millones de toneladas ya es una realidad, pero la conservación de la integridad y las funciones del suelo continuará siendo el principal factor relacionado con el desarrollo de sistemas agrícolas sustentables”.

También debe recordarse el pensamiento de Hugh Bennett, a quien se recuerda en este día: “Es importante que el hombre se sienta dueño de la tierra, pero que a su vez se convierta en celoso custodio de su integridad en todos sus aspectos”. Porque de ella depende también la vida de todos los habitantes de la tierra, y porque es la madre de la civilización, es varias culturas, es derecho y deber de la ciudadanía entera protegerla para nuestro bien.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

la tierra es para alimentarse no para hacer negocios.

que los políticos también lo entidan

Anahí M. LLanes. dijo...

Hola.

Muy buen artículo.

Coincido con la idea planteada: es absurdo pensar en un desarrollo y progreso económico a costas de la destrucción de nuestros suelos.

El otro día vi un episodio de La Liga, donde realizaron una informe acerca de la contaminación que provocan los agrotóxicos producidos por Monsanto y utilizados en los cultivos de soja transgénica. Es terrible ver como nuestra riqueza más grande e importante está en vías de extinción por culpa de empresarios inescrupulosos que solo piensan en sus ganancias que difícilmente puedan disfrutar y dejan de lado nuestro futuro.

Lo peor de todo es que la población ignora casi en su totalidad este problema, con lo que resulta dificultoso encabezar una lucha para resolverlo.

Por lo tanto, tendremos que seguir trabajando para hacer llegar esta información a la opinión pública de la gente.

Nos mantenemos unidos en esta causa!!!

Saludos,

Anahí M. Llanes.