19.10.11

Un caso ejemplar de manejo de un área protegida

La Fundación Espacios Verdes (FEV) cumplió 20 años en septiembre y sigue festejando sus logros con más proyectos. Uno de sus trabajos más significativos se expuso ayer en un seminario sobre la gestión asociada de la Reserva Mogote Bayo ubicada en Merlo, provincia de San Luis. El mensaje de la experiencia es esperanzador: “Unidos, se puede”.

Disertación en la Universidad de Belgrano. Foto: ComAmbiental.


Prueba y error, sin bajar los brazos. La presidenta de la FEV, Ana Mónaco de Di Meola, reconoció que en dos décadas la organización tuvo un gran crecimiento, no sin afrontar escollos y desilusiones. En 1993, a dos años de su creación, recibió 250 hectáreas en la Sierra de Comechingones para constituir la reserva Mogote Bayo en San Luis. Sin embargo, el proyecto inicial fracasó porque faltaba formar alianzas con otras instituciones y, principalmente, sumar a la comunidad local.

A partir de esa lección, la FEV centró sus esfuerzos en talleres multidisciplinarios, concursos artísticos y jornadas abiertas sobre calidad de vida con el fin de afianzar su lugar en el Tercer Sector y estrechar convenios duraderos. Entre los principales aliados que la acompañan hoy están las universidades de La Punta, la UBA y la Nacional de San Luis; dependencias estatales del ámbito municipal, provincial y nacional; otras ONG; compañías con programas de Responsabilidad Social Empresaria y organismos internacionales que le aportan asistencia técnica y financiamento.

Para que la población de Villa de Merlo se interiorice en la labor de la FEV y valore la Reserva como un patrimonio de la comunidad, "brindamos talleres en las escuelas", según contó una de sus integrantes, Irene D'Amico. Las temáticas elegidas fueron energías alternativas y cuidado del agua -desarrolladas con el apoyo del INTI y de la cooperativa de aguas local- considerando que la provincia no genera la electricidad que consume y la comunidad serrana sufre escasez de agua en verano.

A partir del trabajo articulado entre el sector público y el privado, en los últimos tres años la FEV -que no tenía experiencia sobre gestión de áreas protegidas– capitalizó los siguientes logros:
- Relevar la biodiversidad del lugar y publicar una guía, reconocida por conservacionistas, educadores y agentes de Turismo,
- Zonificar el área en tres: restringido al público, accesible solo con guías y de uso común,
- Preparar la infraestructura necesaria para recibir a los visitantes (baños, refugio del guardaparque, atención de emergencia médica, dispositivo anti-incendio, oficina con información útil),
- Diseñar recorridos temáticos, tales como el Via Crucis y el Sendero de las plantas aromáticas autóctonas,
- Planificar actividades de interpretación y educación ambiental
- Desarrollar un plan de reinserción de llamas y alpacas como alternativa productiva sustentable.
Más democracia. María Rosa Miravet, encargada de Comunicación Institucional de la sede de la fundación en la misma Reserva Mogote Bayo, destacó que la "gestión asociada democratiza los procesos y la toma de decisiones, garantizando la sustentabilidad del proyecto". Asimismo aclaró que no se trata de ocupar responsabilidades que son del estado, sino que por el contrario, prueba de ello es el traspaso paulatino de la reserva al gobierno de la provincia de San Luis, que se inició con éxito a fines de abril de este año.

Por otro lado, la transversalidad de la educación ambiental propicia prácticas solidarias y creativas que echan raíces sobre la tierra. Victoria Marini, ingeniera ambiental que trabaja con la FEV a través del programa Balance Cero de la Universidad de La Punta, insistió en que la clave es el "trabajo colaborativo" y transformador, en el que los niños ocupan un lugar prioritario porque son "nativos ambientales" que rápidamente se convierten en semilleros de conductas amigables con el entorno.

Ser parte de un megaproyecto. "La reserva Mogote Bayo es un lugar emblemático de Villa de Merlo que protege el 60% de los manantiales que abastecen a la Villa", señaló Di Meola. Es además "un banco genético" que representa lo último que queda del Bosque de Tabaquillo, dentro del Gran Chaco Sudamericano, y es hogar del "cóndor andino, el zorro y el puma", agregó D'Amico. La conservación de este ecosistema se integra a su vez a una meta mayor: "que la Argentina tenga su corredor biológico" que entrelace los reservorios naturales de cada ecorregión.

Mogote Bayo además ofrece una oportunidad para el ecoturismo, el aprendizaje en la naturaleza y emprendimientos de bajo impacto ambiental como el cultivo de plantas aromáticas nativas y la reinserción gradual de llamas y alpacas.

Sobre este último, María Graciela Chaves -médica veterinaria de la UBA- enumeró las ventajas del proyecto. "Son camélidos domésticos" propios de Sudamérica "que se adaptan fácilmente tanto a la llanura como a la montaña, consumen pasturas de bajo contenido proteico" y permite "reemplazar a las cabras", en el mediano plazo, cuyo pastoreo en las sierras puntanas degradan el suelo.

En el caso de la alpaca "solo quedan en el país unos 600 ejemplares" con lo cual el plan incluye un método de reproducción coordinado por la Facultad y contribuye a la conservación de la especie. Desde el punto de vista productivo, su lana cotiza entre 8 y 10 dólares el kilo de fibra sucia, por eso Chaves adelantó que el próximo mes brindarán una capacitación en la reserva para la población local, sobre manejo y esquila de estos animales.

¿Veinte años no es nada? Al finalizar el seminario, Ana Mónaco de Di Meola explicó a ComAmbiental en esta breve videonota los cambios en la conciencia ambiental en el contexto nacional que observó a lo largo de estas dos décadas. Además contó los desafíos que asume la fundación para continuar su labor con inclusión social.  

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Ver también:
Nueva casa para la capacitación ambiental (25/3/2011)

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