25.3.08

El paro del campo y la política ambiental

Desde hace unos días puede verse por televisión el corte simultáneo de varias rutas por miembros de diversas organizaciones rurales, en protesta de las nuevas retenciones a las exportaciones de ese sector. La noticia merece un análisis hasta ahora poco explorado: desde una perpectiva socioambiental o desde la economía ecológica, donde las reflexiones sobre el uso de la tierra son vitales para el desarrollo sustentable de un país.

El Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero (MoCaSE) salió a aclarar su posición en contra del llamado "paro del campo": "Ellos han traicionado el proyecto de producción de alimentos diversificados en Argentina, ellos han venido al Chaco argentino con armas en las manos para desalojarnos", advirtieron. A su vez, la organización rubricó un artículo elaborado por el ingeniero agrónomo Alberto Lapolla, en el que se critican los intereses de la oligarquía en el modelo latifundista de soja transgénica y con agrotóxicos, contexto en el cual la medida de las retenciones es una herramienta valedera.

Largo plazo. En la revista Veintitres, Marcelo Zlotogwiazda planteó: "Desde el Gobierno se argumenta que la mayor presión tributaria busca “desojizar” un poco al campo (la soja ocupa más de la mitad del total de tierra sembrada en el país) e incentivar la sustitución por trigo, maíz u otros cultivos y actividades que habían sido desplazados, lo que aumentaría la oferta de alimentos que sí se consumen internamente y eso serviría de contención inflacionaria. El argumento es válido y la excesiva sojización no es un tema intrascendente; pero en todo caso es un objetivo a mediano y largo plazo".

Mientras que el artículo parece quitarle importancia al mediano y largo plazo, desde la política ambiental es eso lo que debería exigírsele al Estado. Sí se le puede criticar al gobierno que la medida no esté acompañada de una política integral: "Lo lógico es que el Estado las capture [las ganancias adicionales]. Pero debe usarlas en función de financiar un plan nacional de desarrollo agropecuario, no para resolver sus problemas de caja", así lo expresó el diputado Claudio Lozano en una entrevista de la misma revista.

Sin embargo, como menciona Lapolla, el dato más importante es que "el gobierno ha decidido tomar medidas que desalientan la expansión del monocultivo de soja transgénica forrajera". Como sabemos, el avance de la frontera agropecuaria se realizó principalmente por la extensión de este cultivo, en muchos casos a través del desalojo de pequeños productores y también de la deforestación -hecho, este último, que se busca frenar con la Ley de Bosques Nativos.

La medida entonces podría colaborar en el destierro de lo que Lapolla denomina "la lógica `simple´ de la `mayor tasa de ganancia en el menor tiempo y con cualquier costo ambiental y social –total no lo pagamos-´ que utiliza nuestra sempiterna parasitaria y estéril oligarquía terrateniente". La discusión debería darse entonces en este plano: ¿Queremos desarrollo sustentable -y a largo plazo- o crecimiento coyuntural?

Calidad de producción. Hacia el final de su artículo, Zlotogwiazda escribe que "está la protesta –el típico discurso de la Federación Agraria Argentina- de los que subrayan las diferencias entre poderosos y débiles dentro del sector sojero. No es lo mismo la rentabilidad de un campo muy fértil de Rojas o Pergamino o la de una gran compañía elaboradora de aceite, que la de unas hectáreas en zonas marginales y mucho menos productivas del norte del país".

Es cierto como dice el periodista que estas diferencias siempre existieron, pero lo que debería recalcarse también es que estas distancias son naturales y obedecen a las características de las ecorregiones. Muchas de las tierras "menos productivas del norte del país" lo son en parámetros agropecuarios, pero servían bien al monte nativo que sostenían, antes de que la deforestación los eliminara, y que sustentaban la economía rural que defiende el MOCASE.

Así, según Lapolla, "impulsar la sojización depreda la mano de obra y la pequeña y mediana producción, además de devastar al ecosistema y a la salud humana". En cuanto a los efectos ambientales, que repercuten en parámetros socioeconómicos, plantar soja en el norte, en terrenos no aptos más que con ayuda de agroquímicos, podría significar la desertificación de tierras aptas para otro tipo de vegetación.

Rechazo. "En lugar de enfrentar a la SRA [Sociedad Rural Argentina] y CARBAP [Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa], denunciando la concentración y brutal extranjerización de la tierra, unidas a la destrucción de un modelo soberano de producción de alimentos y su reemplazo por un modelo factoría productor de forrajes baratos para la exportación, la Federación Agraria Argentina se une a los terratenientes y multinacionales granarias que se adueñan hoy de la renta agraria en lucha contra las retenciones". De esta forma se refirió Lapolla a la organización que coordina los cortes.

Según el Mo.Ca.SE, "miles y miles de familias campesinas y pequeñas producciones de la Argentina no damos representatividad ni a la FAA ni a la CRA [Confederación Rural Argentina]". Es de esperar que las organizaciones ambientalistas definan su posición sobre la política agropecuaria dado que es considerada el eje del crecimiento de la Argentina y afecta a temáticas tan importantes como la deforestación y la desertificación que pueden ser irreversibles.

1 comentario:

Anónimo dijo...

la verdad muy buena esta informacion.