30.8.12

CFK, "reencarnación de un arquitecto egipcio"

Columna de opinión
Por Eduardo Soler

Para el análisis ideológico, muchas veces las declaraciones más anecdóticas suelen revelar las grandes "verdades" sobre el pensamiento de una figura pública. La metáfora del "arquitecto egipcio" es sin dudas una de ellas, que no es la primera vez que se enuncia en el discurso presidencial. Por un lado, la referencia histórica a un sistema político que empleaba las obras monumentales para perpetrarse por el poder. Por el otro, implica resaltar un tipo de arquitectura o ingeniería que se interpreta hoy como "gigantismo", criticado desde el movimiento ambiental.

Las obras monumentales del Egipto Antiguo tenían el fin claro de reproducir un poder fuertemente concentrado, basado en la teocracia, en la que el faraón era un dios presente. En este sentido, no es igual la consideración sobre el valor de una pirámide que puedan haber hecho su arquitecto y sus constructores, que incluso algunos adjudican a mano de obra esclava. Entonces: ¿Debemos preocuparnos también por ciertos anhelos de grandeza (su esposo hoy descansa en un mausoleo, su hijo mayor se llama Máximo)? ¿Son simples casualidades cuando ahora se habla de re-relección? Puede parecer éste un comentario conservador, pero  más lo es la pretención de perpetuarse en el poder en la que ya fracasó Carlos Menem.

"Amo construir, debo ser la reencarnación de un gran arquitecto egipcio", fue la frase que pronunció la propia Cristina Fernández durante el lanzamiento de un proyecto de polo cinematográfico. Sin dudas, también su gobierno se caracteriza por el apoyo a los grandes proyectos con fondos públicos. En muchos casos, las obras de ingeniería monumental son las preferidas de la dirigencia política: permiten anunciar grandes inversiones, con "cosas concretas". A eso se le llama el "gigantismo", siguiendo trabajos de Lewis Mumford, sintetizado en la falsa creencia de que "más grande, mejor". Desde el pensamiento ambiental tiende a decirse también que "lo pequeño es bello", y por ello debe privilegiarse trabajar desde una perspectiva comunitaria.

Por supuesto que muchas obras son necesarias, pero también muchas otras criticadas. Pueden ser casos ejemplares la problemática de las inundaciones que exigiría un mejor ordenamiento territorial antes que construir diques de dudosa eficacia. O incentivar la eficiencia energética antes que seguir construyendo mega-obras de gran riesgo como las centrales nucleares. Puntualmente, es útil la reflexión sobre la ampliación de Yacyretá o la proyección de Garabí. Desde el punto de vista ambiental, las mega-represas son problemáticas, a diferencia de las pequeñas que sí pueden tener un diseño sustentable. En el antiguo Egipto, también las grandes obras hidráulicas iban acompañadas del control centralizado.

En definitiva, la metáfora de la arquitectura egipcia, de hace cientos de años, es retomada desde el punto de vista simbólico. En este punto, otra referencia histórica posible podría haber sido la de las construcciones andinas, como las terrazas de cultivo, que tenían una utilidad directa para las comunidades agrícolas. En la sociedad moderna, las obras ingenieriles suelen considerarse siempre símbolos de progreso, como el caso de los rascacielos y el ejemplo de las Torres Gemelas. Es un desafío pensar en otra sociedad, sin tantas pretensiones de grandeza, más que la misma búsqueda del buen vivir.

El dato. No es la primera vez que la Presidente se refiere a sí misma de este modo. "En otra vida debo de haber sido una gran arquitecta egipcia", dijo en diciembre del año pasado comentando remodelaciones de la Casa Rosada. Una referencia anterior data de marzo del 2010, cuando al inaugurar un gasoducto submarino expresó: “Me siento como Keops frente a la pirámide terminada”.


No hay comentarios.: